El Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) surgió tras el Vº Congreso del Partido Revolucionario de los Trabajadores realizado el 30 de julio de 1970.
Éste, buscó la difusión de su ideario en las masas populares argentinas por medio de diversas publicaciones, y entre ellas lanzó El Combatiente.
Para conocer su historia recurriremos a un escrito del Centro de Estudios Miguel Enríquez, de Chile, que cuenta la Historia de El Combatiente, el periódico oficial del PRT.
“En el mes de febrero de 1968 se realizó el IV Congreso del PRT, entre cuyas resoluciones figura la fundación de El Combatiente como órgano oficial de la dirección del nuevo Partido que surgía transformado de los históricos debates de ese memorable acto partidario. El formidable auge de las masas populares que vivió nuestra patria hasta comienzos de 1976 exigió o hizo posible la presencia semanal, regular y sistemática de El Combatiente y lo llevó a la plena madurez, tanto por su contenido ideológico-político como por su estrecha relación con las luchas populares. La impresión y distribución totalmente clandestinas de más de 15 mil ejemplares semanales a principios de 1976 resulta difícil de imaginar para quien no ha podido palpar la efervescencia revolucionaria de ese período y la cálida acogida que las ideas socialistas iban encontrando en sectores cada vez más amplios de los trabajadores argentinos. Como un homenaje militante es decir, comprometido con las luchas actuales y futuras- a las heroicas luchas del pasado, intentaremos esbozar aquí los principales rasgos de la historia de nuestro periódico.
Vayan estas líneas como reconocimiento a Mario Roberto Santucho, gran constructor del Partido y de su propaganda, y en su nombra a los redactores, corresponsales, colaboradores, sostenedores y distribuidores del periódico, a los innumerables activistas y combatientes populares que han dado todo de sí en muchísimos casos, para hacer posible la difusión de las conquistas y ricas experiencias de las dos últimas décadas.

LOS ANTECESORES DE EL COMBATIENTE
Los antecedentes del actual periódico se remontan, en forma paralela al origen de nuestro Partido, a una doble vertiente: Palabra Obrera y La Verdad (órganos de la corriente trotskista de Nahuel Moreno), por un lado, y Aquí América y el Boletín del FRIP (periódicos de la corriente democrática revolucionaria surgida en el norte argentino a fines de la década del cincuenta), por el otro.
Palabra Obrera nació en 1954 cuando comenzaba a abrirse paso la conciencia de la crisis del modelo económico y político del peronismo en los sectores de vanguardia. Se definía como órgano del peronismo revolucionario, de acuerdo a la táctica del entrismo en el peronismo que había establecido por esos años Nahuel Moreno, exponente del trotskismo en Argentina. Más que órgano de un partido, lo era de una corriente sindical. La estrategia morenista apuntaba a la transformación de la CGT en partido obrero y a la ruptura del equilibrio interno de la alianza policlasista del peronismo a favor del sector obrero a través de una insurrección proletaria. La ubicación “adecuada y oportuna”, a su vez, de los representantes de Palabra Obrera en la cúpula de los sindicatos, sería la garantía del éxito de la insurrección socialista del gobierno peronista-trotskista revolucionario. Digamos de paso que estas concepciones del trotskismo argentino tienen raíces muy profundas en la historia de nuestro movimiento obrero, que arranca desde la fuerte influencia del sindicalismo revolucionario a principios de siglo -cuya máxima expresión fue el anarcosindicalismo de la FORA del IX Congreso- y perduran hasta el laborismo y el peronismo a través de la corriente “sindicalista”. Debido a la inexistencia de grandes partidos obreros de masas, ha sido una tentación constante en la historia argentina la sustitución del partido por los sindicatos, con lo cual se ha retrasado el desarrollo de la conciencia de clase autónoma del proletariado y se han alentado las salidas espontáneas y populistas. El principal déficit del periódico Palabra Obrera fue, por lo tanto, su espontaneísmo sindical y economicista. Junto a posiciones doctrinarias muy generales acerca de las enseñanzas de Marx, Lenin y Trotsky (naturalmente, todo ello desde la óptica trotskista), su contenido se dirigía centralmente a definir la estrategia y la táctica de la lucha económica ‘concreta y estructural’ (por oposición a la lucha política e ideológica que despectivamente tachaban de súper estructurales) y sentar su posición en relación a las demás tendencias del espectro sindical. Ignoraba por completo las tesis leninistas de la construcción del partido como destacamento de vanguardia del proletariado en el camino de su constitución en caudillo de la revolución democrática, con lo cual subestimaba inevitablemente la lucha política e ideológica y las alianzas conducentes al aislamiento del enemigo principal. Su insistencia en las diversas formas de lucha económica daba a Palabra Obrera una influencia difusa en amplios sectores de trabajadores y contribuyó a formar una tendencia sindical de considerable peso en metalúrgicos y textiles, los principales gremios proletarios en ese entonces. Pero, al mismo tiempo, la carencia casi total de definiciones ideológicas y políticas, daba lugar a una marcada heterogeneidad, interna y al desarrollo de posiciones oportunistas por parte de dirigentes sindicales burocráticos que estrechaban vínculos con Palabra Obrera por conveniencia circunstancial.
El Boletín del FRIP En los años 1958-1959 surgía en el seno del movimiento estudiantil de la Universidad de Tucumán, el Movimiento Independiente. La intención de sus fundadores era constituir una alternativa renovadora y superadora de la polarización existente en el estudiantado entre la corriente integrista o humanista (de inspiración católica) y el movimiento reformista (que levantaba las banderas de la Reforma Universitaria de 1918). El Movimiento Independiente, por su parte, va a sufrir en sus inicios una fuerte influencia del aprismo peruano y mantendrá algunos contactos con Hernández Arregui, uno de los principales exponentes de la denominada Izquierda Nacional. Los principales órganos de prensa de esta corriente fueron Aquí América y el Boletín del FRIP. El primero ponía el acento fuertemente en la problemática del movimiento estudiantil o incursionaba en ensayos históricos tendientes a recuperar los valores de la cultura precolombina relegados por el colonialismo español. Desde esa perspectiva, la penetración del imperialismo británico y norteamericano era vista como una forma de dominación común a todos los pueblos “indo americanos” que debían unir sus esfuerzos en una lucha también común por su liberación. El Boletín del FRIP es ya definidamente el periódico de una organización política que busca coordinar y centralizar las luchas políticas y sociales de los obreros y campesinos, desarrollando en su seno núcleos de militantes partidarios. Se editaba en español y quechua porque amplios sectores de la población del interior de la provincia de Santiago del Estero desconocen el español. Los lineamientos ideológicos originarios del FRIP reflejaban todavía la influencia del aprismo (de allí la denominación de frente indo americano), pero en la medida en que la joven organización fue participando activamente en las luchas populares y ante la sana presión proveniente de la incorporación de cuadros obreros en sus filas, fue avanzando rápidamente hacia las posiciones del marxismo-leninismo. El ejemplo de la revolución cubana jugó en este proceso un papel fundamental. Fueron así sometidos a crítica los principios cardinales del aprismo, del mismo modo que las tesis de la izquierda nacional y de otras corrientes no marxistas: el indigenismo elemental, el nacionalismo burgués, la xenofobia, el anticomunismo y diversos manifestaciones de la pequeña burguesía con su defensa a ultranza de la pequeña producción ante el avance de la concentración capitalista. Poco a poco, la claridad científica del análisis marxista disiparía la bruma de las construcciones ideológicas de origen no proletario, signadas por la confusión y las vacilaciones ante los cambios revolucionarios. Poco a poco, esta corriente democrático revolucionaria se transformaría en una fuerza proletaria y en esa medida, comenzó a aparecer como necesario abandonar la concepción del Frente Revolucionario Indo americano Popular que había cumplido ya su cometido en una fase determinada del desarrollo ideológico y comenzar a plantearse seriamente la construcción del partido del proletariado. Debemos destacar que este proceso se cumplió gracias al estudio del marxismo-leninismo por parte de los principales dirigentes del FRIP (en el que jugó el papel fundamental Mario Roberto Santucho) y a la activa participación del conjunto de su militancia en el norte argentino en este período. Podemos decir que el Boletín del FRIP se formó al calor de las asambleas y luchas obreras, en las tomas de fábrica de los obreros azucareros de Tucumán, en las medidas de fuerza de los hacheros del norte santiagueño por la defensa de sus derechos, en sus esfuerzos por organizar la federación de obreros de la industria forestal (FOSIF) y en la poderosa movilización de los obreros ferroviarios que pusieron en jaque al gobierno de Frondizi con sus 45 días de huelga nacional. Sintetizando, podemos decir que el principal mérito del Boletín del FRIP fue que, a pesar de sus limitaciones ideológicas, supo ser una efectiva correa de transmisión a dos puntas entre la vanguardia en formación y las luchas populares. Esa virtud, unida a la sencillez de su lenguaje directo y a la apasionada defensa y propaganda de la revolución cubana -que constituyen sus características fundamentales- dieron una notable eficiencia a la labor de concientización del Boletín. Así podemos constatar que numerosos cuadros obreros de nuestro Partido militaron previamente en el FRIP.

LA VERDAD Y EL COMBATIENTE: DOS PEDIÓDICOS PARA DOS POLÍTICAS
El 25 de mayo de 1965 se fundó el PRT por la fusión del FRIP con Palabra Obrera. El órgano oficial del nuevo Partido adoptó el nombre de La Verdad. Debido al predominio de la corriente morenista hasta 1968, La Verdad mantuvo en lo fundamental las características y la posición político-ideológica del antiguo periódico Palabra Obrera. Pero los cambios fundamentales que se habían producido en la conciencia de las masas argentinas en la década del ’60 estaban exigiendo nuevas propuestas políticas por parte de la izquierda. A partir del desarrollo del moderno sindicalismo clasista en el movimiento obrero y la irrupción de las masas con la violencia insurreccional del Cordobazo y demás movilizaciones antidictatoriales que dieron lugar al surgimiento de numerosas organizaciones guerrilleras, la lucha de clases en nuestro país pasaba a un nivel superior. Ante la clase obrera se ponía al orden del día el problema del poder, como nunca lo había estado antes en la historia argentina. El agotamiento de las políticas reformistas, parlamentaristas o sindicalistas, por una parte, y la esterilidad de los intentos guerrilleros, espontaneístas o militaristas, por la otra, exigían a los sectores de vanguardia que estuvieran realmente dispuestos a esforzarse por encontrar acogida en la clase obrera, por insertarse en ella y canalizar con eficacia la creciente combatividad de las masas, la maduración de sus concepciones políticas y organizativas. A fines de la década del ´60 se palpaba la necesidad de la formación de un partido revolucionario de combate. Un partido proletario por su ideología y por su composición de clase. Un partido cuya actividad central fuera la propaganda, la agitación y organización políticas en el seno de las masas. Un partido que tuviera claramente presente el problema del poder, pero que no descuidara el trabajo en los sindicatos ni en los parlamentos y que, de acuerdo con las condiciones de nuestro país, definiera su estrategia en la cuestión militar. Ese partido embrionariamente leninista, a pesar de sus limitaciones, comienza a existir en 1968, en el IV Congreso del PRT. Al quedar en minoría, se escindió allí el ala morenista formando el PRT-La Verdad que, luego, por una alianza con el sector Coral del Partido Socialista, formaría el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), hoy incorporado al MAS.
Como expresión de su nueva entidad, el PRT fundó un nuevo periódico, El Combatiente, que a partir de entonces se convirtió en el principal órgano de elaboración y difusión de una línea política que los sectores más combativos y esclarecidos del proletariado fueron haciendo suya.

Primera etapa de El Combatiente: 1968-1973
Es el período de su formación y crecimiento; la infancia y adolescencia de un periódico que se esforzaba por consolidar su estructura material y definir su personalidad político-ideológica. La situación en aquel entonces era extremadamente difícil: la lucha antidictatorial imponía la clandestinidad más absoluta, sufríamos graves penurias de medios materiales y debíamos soportar la angustiante carencia de cuadros que provocaba la represión (en 1972, la mayoría del CC se encontraba en prisión). En esas condiciones, nuestro periódico fue avanzando hasta regularizar sus ediciones mensuales impresas a mimeógrafo que, sobre la base de un gigantesco esfuerzo de la militancia, se convirtieron en el principal artífice y organizador de los círculos del Partido en Córdoba, Rosario, Tucumán y el Gran Buenos Aires. En este período no se pudo lograr la agilidad periodística que permitiera reflejar las luchas obreras y populares de los sectores de masas que el Partido había comenzado a influenciar. Su contenido principal estaba dado por las editoriales de la dirección, escritas en su mayor parte desde la prisión: ellas caracterizaban certeramente los rasgos centrales del período de auge y ofensiva revolucionaria -abierto con el Cordobazo- que forzó el repliegue de la dictadura militar. En sus páginas se marcaba con todas las letras la crisis estructural de la sociedad argentina en los marcos de la dominación imperialista y el carácter reaccionario antidemocrático del gobierno de las Fuerzas Armadas, dispuesto a defender a sangre y fuego los privilegios de las clases dominantes y a escamotear por todos los medios las conquistas populares.
Pero, paralelamente, se ponía de relieve la enorme fuerza de la movilización popular, insistiendo incansablemente en la necesidad y la posibilidad de la lucha por la conquista del poder a partir de la afirmación de la independencia política, ideológica y organizativa del proletariado. Requisito básico y fundamental era la construcción del partido de la clase obrera. En la medida de su desarrollo, el Partido debía plantearse la organización y la dirección de la violencia revolucionaria de las masas que había hecho irrupción en el escenario de la lucha de clases argentina a partir del Cordobazo, La segunda preocupación central del Partido en este período era impulsar la unidad, de los destacamentos de vanguardia en el plano de los organismos sindicales y demás organizaciones de masas campesinas, villeras, estudiantiles, etc. La prédica de El Combatiente giraba en torno a la identificación de los enemigos de clase, la lucha decidida por la conquista del poder, la afirmación de la independencia de clase y la confianza del pueblo trabajador en, sus propias fuerzas, sobre la base de la organización y la conciencia. Era necesario romper las ilusiones populistas y las falsas expectativas en los líderes burgueses y militares. Era imprescindible avanzar en la construcción de los organismos unitarios y autónomos del pueblo trabajador. No se nos escapa que en este proceso se cometieron errores de sectarismo y otras formas de ultraizquierdismo, producto de la inexperiencia y falta de dominio de la ciencia revolucionaria.
Pero debemos señalar que la evaluación de las tareas centrales de la etapa era correcta: El Combatiente en su primera época respondía al desafío histórico de construir una opción revolucionaria de poder para nuestro pueblo. La tarea del momento era esa: luchar por la afirmación ideológica, política y organizativa de la vanguardia revolucionaria argentina.
Es el período de su madurez, del despliegue máximo de su capacidad con toda la riqueza
político-ideológica y periodística que compete al órgano oficial de un Partido fuerte y actuante en los centros vitales de la sociedad: las fábricas. Se regulariza la edición semanal, del periódico, cambiando el formato porque se inicia la impresión en offset. En el corto tiempo de legalidad, se realizan dos ediciones: una pública y otra interna. La calidad periodística mejora enormemente. La implantación del Partido en el seno de las grandes fábricas ha dado lugar al surgimiento de más de un centenar de boletines fabriles que se nutren del aporte de decenas de colaboradores en cada centro de trabajo. Esto permite al Comba contar con información de primera mano y análisis políticos profundos de la problemática de la lucha de clases en cada fábrica, gremio y región del país.

Segunda etapa de El Combatiente: 1973-1977
Desde las fábricas, por otra parte, la influencia del Partido se irá extendiendo a los barrios obreros y populares, villas, sociedades de fomento, a las asociaciones gremiales de pequeños campesinos y comerciantes, etc.
El Combatiente, a su vez, volvía al pueblo con su mensaje: registrando en sus páginas toda la riqueza y variedad de las luchas populares, intentaba precisar su carácter, mostrar su interrelación y elevar su sentido educando a los actores en la comprensión de la lucha política y ayudando a la transformación de los enfrentamientos particulares (contra patrones individuales) en una lucha generalizada de todo el pueblo trabajador contra la clase de los grandes capitalistas y contra las políticas del gobierno que expresaban los intereses de esa clase. El comité de redacción estaba lejos de ser un ‘aparato’ aislado de las masas. En cada conflicto importante, ante cada movilización política de trascendencia, los miembros de la redacción bajaban a las regionales y zonas para tomar contacto directo con los activistas, elaborando sus notas con la retina llena de imágenes y los oídos llenos de voces del pueblo combatiente. El nivel político-ideológico de los artículos se eleva considerablemente. Las editoriales eran profundos análisis de situación nacional que permitían a los actores tomar el pulso de la semana política. En ellas se sintetizaban los avances de la movilización popular, el sentido de las medidas gubernamentales y las tácticas del enemigo de clase, junto a los probables cursos de acción y las tareas permanentes y coyunturales de los revolucionarios. Se establecieron una serie de secciones fijas. La lucha ideológica ocupaba un lugar privilegiado, centrando su fuego, en primer lugar, contra la propaganda de las fuerzas reaccionarias, pero dedicando espacio también a la polémica fraternal y respetuosa con posiciones o propuestas erróneas surgidas del campo popular. Asimismo, se analizaba la línea del Partido y el pensamiento de los clásicos frente a los grandes problemas de la revolución. La sección Vida y Organización Partidaria transmitía las experiencias de la construcción del Partido en las fábricas, en el campo, la universidad, las cárceles, etc. y educaba en las tradiciones y el espíritu de nuestra organización: abundaban allí los ejemplos revolucionarios, los criterios de construcción y métodos de dirección; en una palabra, todo el acervo acumulado en la historia del PRT, formado por normas no escritas pero de vital importancia porque definen el estilo del militante y constituyen el basamento de la unidad y homogeneidad del Partido. Tampoco faltan las secciones de economía, sindical, internacional, las corresponsalías y los logros de las revoluciones triunfantes en el mundo.
Esta larga enumeración no es sólo un ejercicio de memoria; hemos querido resumir las características que han hecho de El Combatiente un eficaz educador y organizador, una herramienta imprescindible para el trabajo político de nuestra militancia y un arma temible -la más temible para la reacción- en manos de los combatientes populares: porque cuando las ideas revolucionarias son tomadas por las masas, cuando se gana la batalla ideológica en el corazón y la mente del pueblo, en la medida que eso se logra, la victoria está asegurada. Podrán sobrevenir derrotas temporales, pero las ideas revolucionarias que ha sembrado el Partido a través de El Combatiente y la experiencia de las luchas en que se nutrió y contribuyó a librar, permanecen en la memoria colectiva y constituyen un aporte insoslayable para la reconstrucción de las fuerzas revolucionarias en la Argentina. Decimos que la segunda época corresponde a la madurez de El Combatiente porque no se trata ya solamente de penetrar en el seno de la clase obrera o de contribuir a las definiciones de la izquierda; su cometido va ahora mucho más allá. El Comba empieza ya a participar de lleno en la vida política nacional. Los enemigos son los mismos de siempre: la gran burguesía y el imperialismo. Pero los amigos, el círculo de lectores a quienes va dirigido su mensaje, se ha ampliado muchísimo. Los esfuerzos van orientados ahora a lograr la unidad de todo el pueblo trabajador en torno a la clase obrera. Se trata, cada vez más, de disputar las amplias masas a la hegemonía burguesa. Respondiendo a esos objetivos, la temática dominante del periódico será el desarrollo de la propuesta frentista del Partido: la convocatoria a la más amplia unidad de todas las fuerzas democráticas y patrióticas para profundizar las conquistas democráticas y frenar el avance de la reacción fascista. Sabemos que nuestro periódico adoleció de fallas graves, incluso en su período de máximo esplendor. Reflejaba la línea del Partido que carecía de precisiones fundamentales en la estrategia y en la táctica. A partir del golpe militar del 76, se profundizan los déficits en la concepción de la línea estratégica: el llamamiento ‘Argentinos a las armas’ de marzo de 1976 expresa el incorrecto análisis del auge y combatividad de las masas, producto de las insuficiencias políticas y organizativas. El error es advertido en el CE de junio de ese mismo año, pero sus consecuencias son irreversibles. La caída de la dirección histórica el 19 de julio de 1976 y los múltiples golpes recibidos vuelve insostenible la regularidad de la publicación de El Combatiente. Con todo, con gran esfuerzo, se logra resistir con el periódico en el país hasta mayo del 77.

Tercera etapa de El Combatiente: 1977-1984
Nuestra propaganda -reflejo de la estructura partidaria conoció difíciles momentos después de mayo de 1977. La derrota, la caída de numerosos compañeros asesinados, secuestrados o encarcelados, la salida del país de importantes contingentes de militantes y de toda la dirección de aquel entonces, resintió sensiblemente el contenido y la periodicidad de El Combatiente en el exilio. Lejos del calor de las masas, de sus sufrimientos y luchas en los peores años del proceso, nuestra prensa no podía ser un ente aislado de la dura realidad que vivía el Partido: sus escasas ediciones en los años 1977, 78 y parte del 79 coincidían con la lucha interna que se gestaba en el seno de nuestra organización y que desembocaría en una fracción a principios de 1979. El VI Congreso de ese mismo año, valorando la experiencia realizada y sintetizando el análisis autocrítico, arma al Partido en una concepción política y estratégica que expresa un nivel superior en la asimilación del marxismo-leninismo. Con la publicación del N° 268 de octubre de 1979, se puede decir que el Partido demuestra su intención de retomar con firmeza el precepto leninista de mantener, la propaganda revolucionaria en todo momento y circunstancia. Claro que ello se fue logrando no sin dificultades: a mediados del año 80 comienza una nueva actividad fraccional, encubierta al principio, que consigue imponer algunos artículos en el periódico. La reanudación de los lazos con nuestro pueblo en los primeros años de la década, del, 80 llevó a El Combatiente a jugar un papel en la reconstrucción de las fuerza revolucionarias: los primeros ejemplares que se hacían ingresar al país, si bien no llegaban en lo esencial al proletariado de vanguardia, si comenzaron a sembrar las primeras semillas que señalaban claramente que, aún debilitado el PRT seguía en pie, listo para ir reocupando el lugar que jamás debería haber abandonado en la lucha de clases. Fue una época de reflexión, de recapitulación y síntesis, de investigación y de maduración de las causas y efectos de los errores cometidos. La continuidad estaba así garantizada. Con modestia, pero con la firme convicción que nos daba levantar las banderas históricas del PRT, el Partido se fue reorganizando en el país a partir de 1983 y con ello, al poco tiempo, también su propaganda.

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