Había una vez un militante que tras participar en su partido político fue elegido funcionario municipal por el Intendente electo para que lo acompañe en su gestión, ocupándose de un área que por su formación profesional era de su conocimiento.

El tiempo pasó, y el militante supo tejer alianzas internas que lo catapultaron como representante local a las listas seccionales del frente electoral del que participaba su Partido, desde allí, construyó su candidatura local y tras acordar con los socios locales del nuevo frente, se convirtió en candidato a Intendente Municipal.

Tras mucho trabajo militante de quienes lo acompañaban, y muchos ciudadanos que lo eligieron, nuestro personaje fue ungido como Intendente Municipal… pero a poco de andar, vendió sus ideales y Cáffaro se empezó a escribir con K.

Dejó atrás a gran parte de la coalición política que le sirvió de sustento para llegar al gobierno y se rodeó de nuevos compañeros de viaje, Cáffaro ya no era Cáffaro, Cáffaro pasó a ser Káffaro.

Durante seis años recibió él y el Municipio, más dinero que cualquier otro Intendente Municipal del Distrito, incluso recibió más dinero que lo que recibieron varios Intendentes juntos, y mucho se preocupó por realizar acciones que se vieran, aunque muchas de ellas no sirvieran.

El tiempo pasó y lo que primero fue una similitud, poco a poco se convirtió en una mimetización, aunque haya quienes dicen que nunca fueron lo mismo… aunque quizás lo que están haciendo es preparando una nueva mimetización.

Dicen que el hombre es el único animal que se choca dos veces con la misma piedra, aunque a decir verdad hay quienes se la chocan tres veces, y así que como ya hubo un cambio ortográfico podemos estar ante dos nuevos cambios.

El primero ya lo puso en marcha el fiel escudero de nuestro personaje, cuando dijo que Káffaro volvió a ser Cáffaro… es realidad, dijo que nunca fue Káffaro, y empezó a preparar el terreno para el próximo cambio.

¿Será que Cáffaro volverá a dejar de ser Cáffaro para convertirse en CáffaPRO?

Los recursos externos al Municipio comienzan a escasear y nuestro protagonista ya sabe lo que es recostarse donde calienta el sol, cuestión muy necesaria cuando, además, los recursos propios también lo son y no hay pruritos en cambiarse de vereda.

Ya pasó del rojo al naranja… ¿pasará del naranja al amarillo?

Quizás no hayamos entendido el cuento, y no era cuestión de ideales e ideologías, sino tan sólo era una cuestión de colores y matices.

Si así fuera, descorchen el agua mineral doble sabor, brinden y de postre, panqueques… yo prefiero ayunar.