Finalmente, como dijera Andrés Calamaro, la moneda cayó del lado de la soledad, y ‘Lula’ da Silva se quedó sin el acompañamiento del Supremo Tribunal Federal (STF) quien determinó que no se debía dar lugar al pedido de sus abogados defensores quienes solicitaron un hábeas corpus para evitar su detención hasta que la sentencia por corrupción en su contra quede firme.

Por 6 votos contra 5, manteniendo la jurisprudencia del Tribunal y en sentido contrario a lo prescripto por la Constitución brasileña, los magistrados entendieron que el ex presidente ‘Lula’ debe aguardar en prisión la resolución definitiva de su caso judicial tal como lo hacen el resto de los brasileños. Votación que se dio en un contexto de extrema crispación social y con mucha presión sobre el Tribunal, ya que a las declaraciones del Presidente del Club Militar que llamaban abiertamente a un golpe de Estado si se aceptaba el hábeas corpus de ‘Lula’ y, en última instancia, éste era electo Presidente de la Nación, se deben sumar las manifestaciones del Comandante del Ejército, General Eduardo Villas Bôas, quien en Twitter afirmó que ‘Asseguro à Nação que o Exército Brasileiro julga compartilhar o anseio de todos os cidadãos de bem de repúdio à impunidade e de respeito à Constituição, à paz social e à Democracia, bem como se mantém atento às suas missões institucionais’ (Aseguro a la Nación que el Ejército Brasileño juzga compartir el anhelo de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad y de respeto a la Constitución, a la paz social ya la democracia, así como se mantiene atento a sus misiones institucionales.), posicionando al Ejército como una suerte de juez sobre el accionar del máximo tribunal judicial del país.

Este sometimiento de la democracia que pretenden hacer los militares brasileños merece el mayor repudio posible de todos los demócratas, puesto que sólo con el libre y correcto funcionamiento de las instituciones del país, se podrá recuperar la confianza ciudadana en ellas, impartiendo justicia que garantice la sanción de los delitos que se hayan cometido y promoviendo que no se reproduzcan en el futuro.

En una reciente entrevista que le realizara el ex Presidente ecuatoriano Rafael Correa, la ex presidente argentina Cristina Fernández afirmó que lo que hoy está pasando ‘Lula’ se debe a que los actuales gobiernos quieren convencer a la ciudadanía ‘de que éramos todos corruptos’, y quizás pase algo de eso y como dice el dicho paguen justos por pecadores, pero es difícil de explicar ciertos crecimientos patrimoniales o, cual si fuera un una disciplina olímpica, los lanzamientos de bolsos a través de muros.

Se plantea entonces una compleja situación, puesto que quien la justicia entiende que cometió un delito y merece una sanción por ello, es quien cuenta con el mayor respaldo ciudadano para regir los destinos del país, entonces cabe preguntarse, ¿qué prima en tal caso? Si la ciudadanía descree de la culpabilidad de ‘Lula’ o, aún creyéndolo culpable, cree que es la persona más adecuada para dirigir los intereses del país, ¿cómo hacer para poder separar el proceso judicial de dicho apoyo ciudadano?  Puesto que una sanción en su contra es vista, por la mayoría de la población, como una exclusión política para impedir su elección como Presidente de la República por tercera vez. De hecho por estas horas se debate en el Partido de los Trabajadores qué hacer, reunidos en el Instituto Lula se discute la convocatoria a una movilización inmediata y permanente de la militancia en las calles, situación que tensaría aún más la realidad, y que al decir del General retirado Schroeder Lessa sólo impulsaría la lucha fratricida puesto que para la derecha del país la única opción posible es ‘Lula’ preso.

Por otro lado, muchos observadores internacionales entienden que el proceso seguido contra ‘Lula’ no es lo suficientemente sustentable como para garantizar una condena en su contra, pero paradójicamente quienes están definiendo su futuro son jueces designados en su mayoría durante gobiernos del Partido de los Trabajadores, de quienes se supone imparcialidad y capacidad para ejercer su cargo y que por eso tanto ‘Lula’ como su sucesora Dilma Rousseff los eligieron para tan alta distinción.

Y por si todo esto fuera poco, el viejo ‘Partido Militar’ de tanto poder durante la segunda mitad del siglo pasado regresa de la peor manera a imponer presiones sobre las instituciones del país.

La realidad de Brasil es compleja y no se puede aventurar un futuro promisorio. La tan mentada grieta de la que tanto se habló en Argentina, divide hoy la sociedad brasileña. La decisión tomada por el STF es un paso más en pos de la no participación de ‘Lula’ en los comicios de octubre pero no es definitivo, y tras la detención o no de ‘Lula’ la sociedad ve la garantía de impunidad de cierta dirigencia política popular o la proscripción del principal candidato por parte de la derecha más recalcitrante, en los próximos días comenzará a dilucidarse de qué lado cae la moneda.

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