Finalmente se conoció el Decreto 683/2018 que trata sobre la reforma en las funciones y el accionar de las Fuerzas Armadas y, como dice el dicho, en la cancha se ven los pingos, porque al hacer un repaso del texto lo que se ve es muy diferente de lo que se denuncia. Cierto es que esto no significa que no pueda hacer algo que no esté estrictamente previsto en el texto, tal como ocurrió con el nombramiento de César Milani como Comandante en Jefe del Ejército Argentino mientras estaba vigente el Decreto 727/2006 que muchos hoy añoran y sostienen que garantizaba el respeto de los derechos humanos por parte de las FFAA… cuestión difícil cuando se pone al lobo a cuidar gallinas. Pero a decir a verdad, el texto es claro y concreto, y no prevé el accionar de las Fuerzas Armadas en tareas de represión interna, tal como lo denunciaron ciertos referentes de la lucha por la defensa de los Derechos Humanos.

Decíamos ayer que ‘aunque se quiera presentar como que es un salto al futuro, parece más bien un paso atrás, puesto que lo anunciado públicamente, y a la espera de lo que finalmente se establezca en los textos legales que organicen esta reconversión, lo planteado parece más un paso atrás que un salto hacia adelante’. Ahora están los textos y es hora de dejar las especulaciones de lado y hacernos cargo de nuestros errores.

De acuerdo a lo que dice el citado Decreto, parece sí un salto hacia adelante, puesto que se le da un marco legal a tareas que de una u otra manera ya venían desempeñando las FFAA, esencialmente operaciones de mantenimiento de paz en el marco de Naciones Unidas, operaciones de seguridad interior previstas por la ley de Seguridad Interior, operaciones de apoyo a la comunidad nacional o de países amigos y la construcción de un sistema de defensa subregional. Sí innova en lo referido a los ataques externos, donde hay un claro aggiornamiento, puesto que hay un cambio de paradigma, dado que tal como lo señala unos de los considerandos del Decreto ‘este tipo de agresiones no solo son de carácter estatal militar, sino que en ocasiones se manifiestan de otras formas que, sin dejar de tener su origen en el exterior, se desarrollan en nuestro territorio y/o tienen efectos en él, afectando intereses que la Defensa Nacional puede y debe contribuir a preservar’, y por ende la nueva norma no solo contempla los ataques externos generados por otro Estado.

Al respecto el texto del Decreto es taxativo. En uno de sus considerandos establece que ‘esto no implica clausurar los límites existentes entre los ámbitos adjudicados por el ordenamiento jurídico a la competencia de la Defensa Nacional y a la Seguridad Interior’ y por si fuera poco lo explicita más aún al señalar que ‘toda actuación de las FUERZAS ARMADAS, deberá ser efectuada de conformidad a las previsiones de la Ley N° 23.554, con las limitaciones previstas en las Leyes N° 24.059 y N° 25.520’.

Ahora bien, teniendo en claro que la reestructuración propuesta no es que los militares repriman en las calles ni que se hagan responsables de tareas que les son ajenas, sino organizar algo que ya está en funcionamiento y lograr sinergias entre las FFAA y las Fuerzas de Seguridad para optimizar la labor de estas últimas, queda subyacente el ejercicio que proponíamos ayer, ‘¿Queremos tener Fuerzas Armadas? ¿Qué Fuerzas Armadas queremos tener? Y a partir de entonces realizar una refundación, si se cree oportuno tenerlas, sobre su función. Pero si no logramos liberar lastre estaremos continuamente atados al pasado. Lo que hicieron los entonces miembros de las Fuerzas Armadas fue terrorismo de Estado y perpetraron crímenes de lesa humanidad… pero fueron hombres que pertenecían a las Fuerzas Armadas, si entendemos que fueron las FFAA como tal, no hay discusión posible y tendremos que determinar su disolución porque no hay vuelta posible desde allí. Si en cambio entendemos que no fueron las FFAA como tales, sino que fueron delincuentes que desde su pertenencia a ellas delinquieron en beneficio propio la discusión pasa a ser otra.’.

Ese es el debate que nos debemos como sociedad, y como tal no se resolverá a través de un Decreto. En un Estado democrático el ámbito adecuado para este tipo de discusiones es el Congreso de la Nación, y es allí donde se debe decidir el futuro de la temática, y como decíamos al inicio, en la cancha se ven los pingos, porque allí se deberá debatir y argumentar posiciones para la generación de normas asentadas en el presente pero diseñadas para el futuro, con la responsabilidad que ello tiene, y ya no declaraciones periodísticas altisonantes en las que se busca mayor visibilidad y no soluciones de fondo, y no hay quien repregunte nada, entonces quienes no pudieron dar explicaciones de la pérdida de un misil o hacerse cargo de haber nombrado a un genocida al frente del Ejército tienen la misma entidad que quienes estudian el tema en profundidad para hablar sobre el tema… ya lo decía Discepolín, lo mismo un burro que un gran profesor.

Publicado en MDZOL, Mendoza.
https://www.mdzol.com/opinion/806283-ffaa-y-seguridad-en-la-cancha-se-ven-los-pingos/

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