Se cumplen 30 años de uno de los discursos más recordados del Presidente Alfonsín, aquel que diera en la lluviosa mañana del 13 de agosto de 1988 en las gradas de la Sociedad Rural Argentina (SRA) con motivo de la inauguración de la 102° Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional.

Por aquellos días, en un contexto mundial complejo para el país en el que comenzaba a derrumbarse el comunismo, y mucho más complejo en lo interno, el gobierno nacional había lanzado un plan económico que entre otras cosas establecía, tal como se había comprometido el Presidente, mantener fijas las retenciones y desdoblar el mercado cambiario estableciendo un tipo de cambio fijo con el que liquidar las exportaciones agropecuarias y otro “financiero” de flotación regulada. Esto no fue bien recibido por el campo y así se lo hicieron saber al Presidente pocos días antes.

En ese contexto Alfonsín se dirigió a la Sociedad Rural tal como era característico, y allí dio un discurso para los presentes, pero fundamentalmente para la historia, puesto que en poco menos de 15 minutos no solo expuso sus pensamientos y respondió a lo que le planteaba la corporación agro-ganadera, sino que fundamentalmente sentó las bases de lo que debiera ser la vida en democracia, algo que hoy por hoy pocos se plantean pero que 30 años atrás y luego de más de medio siglo de gobiernos militares e interregnos civiles era uno de los principales problemas.

Pese a que se le sugirió que suspendiera su participación en la inauguración de la Feria, Alfonsín decidió ir a la cueva del lobo a enfrentar los problemas. Era su personalidad, volvía a demostrar, vaya si lo hizo, como antes durante Semana Santa o con posterioridad en el copamiento de La Tablada, haciéndose cargo de su responsabilidad.

Aquel sábado las gradas estaban ocupadas por la peonada, que pocas veces accedía a estos sitiales reservados para los grandes estancieros, pero fueron arriados por sus patrones para generar un clima de rechazo al Presidente de la República, y tras un duro discurso del entonces titular de la Sociedad Rural Guillermo Alchouron, a la postre diputado nacional peronista por el menemismo de Córdoba, encaró con tranquilidad el micrófono para brindar su discurso.

Al acercarse a su sitio fue recibido por una estruendosa silbatina que buscaba tapar las palabras que pronunciaba, pero con tranquilidad y firmeza dio la segunda de las enseñanzas del día… la primera había sido estar allí, dando la cara para estar donde debía estar, haciendo lo que debía hacer. Comenzó marcando la importancia de estar en democracia (Argentina llevaba más de 4 años seguidos de democracia por primera vez en 50 años) y marcó el contraste con la actitud de quienes lo silbaban, afirmando que ‘Yo quiero comenzar por poner de relieve ésto que está sucediendo esta tarde en la Sociedad Rural Argentina. Estas manifestaciones no se producen en tiempos de dictadura, aunque parece que algunos comportamientos no se consustancian con la democracia, porque es una actitud fascista no escuchar al orador.’ y ya tomando ritmo dejó establecido que tenía muy en claro con quiénes estaba tratando, puesto que supo diferenciar el fondo de las formas y tenía en claro quienes eran los responsables de lo que estaba ocurriendo. Les espetó Alfonsín desde el escenario del Predio de Palermo ‘No creo realmente que sean productores agropecuarios los que tienen este comportamiento, son los que muertos de miedo se han quedado en silencio cuando han venido acá a hablar en representación de la dictadura. Y son también los que se han equivocado y han aplaudido a quienes han venido a destruir la producción agraria argentina, no son los productores agropecuarios.’ en clara referencia a la presencia del dictador Jorge Rafael Videla en el mismo sitio 8 años antes y sin olvidar posiciones histórica del lobby agro-ganadero como el apoyo al último golpe de Estado, la solicitada que publicaran un año después del mismo en la que brindaban su apoyo para ‘toda acción que signifique completar el proceso iniciado el 24 de Marzo de 1976, para poder lograr así los fines 19800905_thumbpropuestos’ o más cercana en el tiempo la reunión de los líderes de la SRA, de la que participó el propio Alchouron, con los jerarcas de la dictadura en la que los líderes corporativos les solicitaban, según las crónicas periodísticas de la época, ‘que no se apresurara una salida política’.

Les dijo en la cara que muchos reclamos tenían fundamento, que era cierto que ‘el campo’ estaba haciendo esfuerzos, pero les dejó en claro que no habría hijos y entenados y que los esfuerzos los haríamos todos, incluido el campo, porque ‘es el esfuerzo de una Nación, porque queremos ser serios, señor presidente; queremos ser serios para construir el país que sabemos que nos merecemos, que no es el país de la vocinglería ni del agravio ni de la falta de respeto a las instituciones de la República.’

Y ya pasado el ecuador de su alocución, y dando quizás la mayor enseñanza que podía dar con su discurso, el Presidente Alfonsín hizo dos cosas que lo engrandecen, aún más si es posible. En primer lugar reconoció errores, algo a lo que los políticos y los argentinos en general no somos muy afectos. Dijo entonces ‘Sé, señor presidente, que muchas veces nos equivocamos. ¡Cómo no lo voy a saber! Muchos años de dictadura en el país impidieron que quizás tomáramos la lección de lo que es gobernar en la Argentina.’, pero paso seguido y redoblando la apuesta afirmó ‘les pido disculpas a todos por mis equivocaciones; pero tengan la seguridad que hay una pasión argentina que me mueve y que nada me va a convencer de que no es necesario seguir adelante, no me importan los votos, me importa el futuro de nuestros hijos, señor presidente.’ Lo que lo ubica en un lugar poco concurrido por los gobernantes argentinos, el de ESTADISTA.

Dicen que decía Otto von Bismarck que ‘El político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación.’, y más allá de quien puede haber sido el autor de la cita, está más que claro que Raúl Alfonsín es uno de los pocos argentinos que se ubican en este segundo grupo.

Y cerraba Alfonsín diciendo que ‘esa es mi apuesta y estoy seguro que será la apuesta de la gran mayoría de los argentinos.’, dejando en claro la posición minoritaria del accionar ‘del campo’.

30 años después con tantos modelos de gestión y de construcción política ideados y aplicados, queda claro que el que construyó Alfonsín, yendo de frente, llamando a las cosas por su nombre y apelando al diálogo y al consenso es el más adecuado… sin por eso dejar de cantar las 40 cuando sea necesario.

Este y todos los discursos presidenciales de Raúl Alfonsín se pueden encontrar en https://principedelmanicomio.wordpress.com/2013/12/10/democracia/

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