Hoy hay una marcha en la que se pedirá, entre otras cosas, por la extinción de dominio. ¿De qué se trata esto? De algo muy sencillo, que devuelvan lo que se robaron. Que el delito no sea un negocio, que además de pagar con la libertad, paguen perdiendo lo obtenido a partir de los ilícitos.

Hoy en día hay un proyecto en el Congreso que tiene media sanción de la Cámara de Diputados, desde hace dos años, en el cual se plantea el proceso para el decomiso de bienes obtenidos por medio de la comisión de delitos vinculados con la narcocriminalidad, el terrorismo, la trata de personas, la corrupción, el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo.

Sospechosamente (o no) gran parte de la oposición no quiere tratar este texto y evita el debate parlamentario. La Cámara de Diputados dio media sanción el 23 de junio de 2016… y en más de dos años, el peronismo (con sus diversas vertientes y versiones) mayoritario en el Senado de la Nación no aprobó, ni rechazó, ni devolvió el proyecto a la Cámara de origen con modificaciones, es decir, no hizo nada.

Hoy ya existe una ley que permite el decomiso antes de la condena penal en delitos contra el orden económico y financieros como, por ejemplo, lavado de activos. Así fue como la ciudadanía recuperó para sí los 790.550 dólares secuestrados de la valija de Guido Antonini Wilson, en 2007, el yate de Ricardo Jaime, el avión de Lázaro Báez, las máquinas de Austral Construcciones o los vehículos de alta gama de todos ellos. Esta ley, la 26.683, no fue tildada de anticonstitucional como hoy se argumenta contra la de extinción de dominio. ¿Por qué antes no y ahora sí? ¿Será para salvaguardar los bienes que posee Cristina Fernández y sus secuaces?

Con las garantías judiciales del caso es necesario que el Estado recupere, y de manera urgente, lo obtenido producto de ilícitos, para evitar el deterioro en caso de muebles e inmuebles, o para impedir su usufructo para seguir cometiendo el delito o para ocultarlo.

Es responsabilidad de todos dejar en claro de qué lado de la historia queremos estar parado. En esto no hay medias tintas, se está con quienes quieren combatir el delito o se está con quienes lo llevan a cabo. Si realmente queremos que las cosas cambien no hay posibilidad de sospechosas ausencias por viajes de turismo o de ninguna clase, como ocurrió con Esteban Bullrich la semana pasada.

La ciudadanía espera reacciones concretas de sus representantes. La ciudadanía tiene en claro que quienes ‘piden flan’, en realidad están poniendo el carro delante del caballo, y quieren que nada cambie para seguir usufructuando de lo mal habido. Dice la Senadora Virginia García, una de las cómplice de los delincuentes que vaciaron el país que ‘hoy las demandas sociales tienen que ver con el tarifazo, porque la gente llega a su casa y le llega la boleta de la luz, el gas, el agua, sufre  el aumento del transporte público, recibe los telegramas de despido…’, y tiene razón, lo que resulta llamativo es su limitada capacidad intelectual para relacionar esta realidad como consecuencias de lo vivido durante la década robada en que gobernó su fuerza política. Como dijera Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, ‘de estos polvos futuros lodos’… y como también dijeran los platenses, ‘el futuro llegó hace rato’.

La situación es sumamente compleja. Lo expresó el Presidente en ocasión de su primera apertura de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación el 1 de marzo de 2016, y según se supo después, no fue lo suficientemente exhaustivo como la situación lo requería, por las razones que fueren. Las soluciones que implementan no dan (o sí) los resultados esperados. Si además se fomenta la delincuencia o se la ampara, el futuro del país es mucho más complejo de lo que avisoramos hoy en día.

El país necesita crecer de una vez por todas. Aún con los dolores de tener que asumir una realidad que no es la que deseamos, pero mal podemos construir un futuro mejor si no nos hacemos cargo de nuestro pasado y nuestro presente.

Haciendo un paralelismo con la naturaleza, estábamos viviendo una pleamar y la mayoría del país disfrutaba de la playa mirando tierra adentro. Hoy la ola nos está llevando puestos. Está en nosotros elegir intentar surfearla o pretender ignorarla… y posiblemente morir ahogados.

Es necesario tomar posición. Posición clara.

Yo quiero intentar surfear la ola.

Yo quiero que los ladrones vayan presos y que devuelvan lo que robaron.

¿Vos?

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