Finalmente se realizó la segunda final de la Copa Libertadores de América y, paradójicamente, se jugó en tierras de los conquistadores del continente, de aquellos contra quienes lucharon los Libertadores… aunque justo es decirlo, fue así por impericia y negligencia propia.

Y si bien ganó River Plate el pleito, quedó en claro qué, como decíamos hace unos días, perdimos todos, porque la organización en Madrid demostró claramente que sí se puede, que cuando se quiere y se trabaja en consecuencia, las cosas sí se pueden hacer bien.

En el Santiago Bernabeu hubo hinchas de los dos equipos, algo que pretendió imponer de manera irresponsable el Presidente Mauricio Macri y los hechos demostraron de manera contundente que en la Argentina de 2018 eso era imposible.

A diferencia de los estadios argentinos, en el Santiago Bernabeu no hay ni alambrado ni foso que separe a los espectadores del campo de juego, y sin embargo no hubo ningún hecho de violencia. Mientras en Argentina en muchas oportunidades se para el partido para que los simpatizantes se bajen del alambre, en España nadie osó siquiera traspasar el vallado.

En el Santiago Bernabeu terminó el partido y no hubo invasión de cancha, porque se había previsto un anillo de seguridad en los extremos del campo para garantizar que el festejo sea sólo de los jugadores.

En Madrid los hinchas de uno y otro equipo se cruzaron en la calle y no hubo episodios de violencia, incluso tras la culminación del partido los hinchas de River festejaron en la Puerta del Sol sin mayores problemas.

En contrapartida, y pese a que el gobierno local había previsto un operativo de seguridad en las proximidades del obelisco para procurar evitar incidentes, una vez más esto no fue posible y las noticias son que volvió a haber problemas.

Estas dos realidades demuestran una vez más, por si fuera necesario, que el problema excede el fútbol, es un problema de la sociedad. Es un problema de los argentinos, y si no lo asumimos así, mal podremos encontrar una solución.

Cuando las cosas se hacen bien, los resultados son buenos; cuando las cosas se hacen de manera improvisada, atendiendo a los negocios y los negociados de quienes desde el futbol, y amparados y apañados por futbolistas, dirigentes, políticos y jueces, buscan sacar provecho propio, el resultado es solo uno, malo.

Ya no se trata del ‘folklore del futbol’, ya no se trata de gallinas o bosteros, la situación es mucho más compleja. La organización en Madrid nos dio, por si nos faltaba una vez más, una cachetada y nos demostró que cuando se quiere, y se trabaja en consecuencia, se puede.

En consecuencia, solo nos quedan dos caminos. O cambiamos en función de lo que pregonamos y no hacemos, o asumimos, pese a lo que enunciamos, que no queremos cambiar. De nosotros depende.

Publicado en Diario 16, Madrid.

http://diario16.com/si-se-puede-3/

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