Días atrás comentábamos que ’Sorpresas te da la vida, en una primera aproximación de la  lectura del fallo que el pasado 28 de diciembre, emitiera la Cámara Federal de San Martín, con la firma de los Dres. Marcelo Darío Fernández, Juan Pablo Salas y Marcos Morán, respecto a la apelación presentada por la imputación por administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública en concurso real, y decidió ratificar los procesamientos de Osvaldo Cáffaro y Pablo Giménez, y que ponemos a disposición de la ciudadanía en https://drive.google.com/open?id=1Qbl_fLm4zJIH2nH6LHTMG2fM7_iqjc_W.

Sin embargo fue mayor la sorpresa al momento de una lectura exhaustiva del texto judicial, puesto que se da una serie de informaciones que no han tenido difusión entre la ciudadanía e incluso declaraciones de funcionarios que, curiosamente, confirman lo que otros funcionarios niegan. Gente del equipo de Osvaldo Cáffaro afirma en la Justicia, lo que el Intendente pretende negar en el mismo ámbito.

Estamos convencidos que el acceso a la información es fundamental para el desarrollo y la formación de la ciudadanía, por eso a continuación, y sin dejar de reiterar que el texto completo está a disposición de quien quiera leerlo, queremos resaltar y comentar los puntos que entendemos son los más salientes del fallo en cuestión, porque exhiben procederes y valores que pretenden ocultarse bajos slogans de ocasión y campañas mediáticas.

Ponemos al alcance de quien quiera informarse, al igual que lo hicimos en estas páginas a lo largo de los últimos años, los hechos y datos que exponen el accionar delictivo de las autoridades municipales de Zárate, cada quien sabrá evaluarlas según su mejor parecer, pero ya nadie podrá ignorarlos pretendiendo esconder su cabeza bajo la tierra como el ñandú.

El pronunciamiento de los Doctores Fernández, Salas y Morán es contundente y no da lugar a dudas cuando se expiden respecto a la apelación presentada por, entre otros, Osvaldo Cáffaro y Pablo Giménez, sobre su imputación por administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública en concurso real, y ratifican su procesamiento, y dejan expuesto que cuando el barco se hunde, las primeras que lo abandonan son las ratas… aunque se la den de capitanes de navíos.

A través de sus representantes legales los funcionarios públicos procesados ‘entienden que “no existe elemento alguno incorporado a esta causa que permita sospechar” que sus pupilos hubieran participado de las maniobras que se les imputan, resultando las conclusiones “meras especulaciones” fundadas en una “apreciación personal del señor juez” [y que] en relación a los certificados de avance de obra considerados ideológicamente falsos, descartan que Cáffaro y Giménez hayan conocido sus contenidos, habida cuenta que en función del “concepto de delegación de funciones”, debía ser el funcionario correspondiente quien debía extremar los recaudos para corroborar los datos allí asentados.’ Rara noción de trabajo en equipo tiene el Intendente Osvaldo Cáffaro si cuando la situación aprieta en lugar de asumir su responsabilidad como ‘líder’, mira para el costado haciendo responsable de la situación a quienes él nombró y sostuvo en distintos puestos de gobierno a lo largo de sus mandatos… es como si Videla dijera no fue responsable de las desapariciones o las muertes durante la dictadura militar porque él no iba en los Falcon verdes secuestrando gente. A todas luces un argumento de verdadero roedor que pretende huir del navío cuando éste comienza a hacer agua.

Pero no sólo eso, al igual que Néstor Kirchner cuando fue derrotado en las elecciones parlamentarias en las que encabezó la lista electoral de la Provincia de Buenos Aires para candidatos a diputados nacionales dijo que perdió por poquito, como si eso lo convirtiera en menos perdedor, Cáffaro en lugar de llamarle pan al pan pretende enmascarar la realidad, pretende contarnos un cuentito, generar una realidad virtual. Dice el fallo de la Cámara de San Martín que ‘en relación al dinero enviado en función del Convenio Marco, consideraron que se trataba de una subvención “sin obligación de devolver, no retributiva” y que no habría habido posibilidad de comprometer abusivamente al Estado Nacional porque los fondos entraron al patrimonio municipal y eran “no reintegrables”, para ser afectados a la ejecución de la obra descripta.’, aunque lo más curioso viene después cuando afirman que ‘tampoco había habido perjuicio ya que no se desembolsaron los cuarenta millones restantes.’ Es decir, robarse 10 millones de peso no es hacerle un perjuicio al Estado si es el 20% de lo que hubieran podido robar, es decir volviendo a Kirchner, dicen que no son ladrones porque es poquito. En un claro accionar paternalista, pretende tratarnos como niños a los que se les cuentan cuentitos.

Pero los argumentos de Cáffaro y Giménez comienzan a caerse como un castillito de naipes cuando comienzan a hablar el resto de los involucrados en la causa judicial, puesto que ya no todos cuentan el mismo cuento, y como el navío comienza a hacer agua, empiezan a buscar resquicios por los cuales huir. Un ejemplo de ello es el de los responsables de la empresa constructora involucrada en la denuncia, C&E, quienes pretenden deslindar sus compromisos alegando que ‘desde el inicio, el pliego de condiciones de la licitación refirió a una obra diferente de la convenida entre la Municipalidad de Zárate y el Ministerio de Planificación y que, además de que C&E no había tenido injerencia alguna en estas modificaciones, fue conocido por todos los oferentes.’, exponiendo claramente la primera de las realidades que el Municipio pretende ocultar: pidieron dinero para hacer una obra y la utilizaron para hacer otra. Hicieron un acuerdo para obras estructurales que modificaran realidades de fondo pero, como nos tienen acostumbrados en su gobierno, privilegiaron los maquillajes y las ‘obras que se ven’ a las ‘obran que cambian vidas’, y rechazando los argumento oficiales resaltan que ‘era tan público que la obra encarada difería de la convenida con el ex Ministerio de Planificación que éste, había iniciado “conversaciones entre las partes […] para realizar una adenda que regularizara el proceso administrativo”’ puesto que ‘la realización de la avenida circunvalación no había formado parte de la licitación.’

Ahora bien, ¿por qué era tan importante la obra en cuestión? Porque el Municipio ya contaba con varios fallos en contra de la Justicia por la inacción y la desidia del Gobierno encabezado por Osvaldo Cáffaro, que combinadas con el ocultamiento y la mentira terminar conformando una bomba de tiempo. La realidad de los vecinos no era algo nuevo para el Municipio puesto que, en febrero de 2011, y después de más de 3 años de haber asumido la Intendencia Cáffaro, la Justicia determinó ‘que la Municipalidad de Zárate no había ejercido en tiempo oportuno el control primario respecto de construcciones no habilitadas. De modo que, ante “la falencia apuntada y en atención al estado de vulnerabilidad de los moradores de estas construcciones clandestinas”’, le daba al Municipio 45 días para accionar al respecto. Presuroso, Cáffaro respondió ‘a la necesidad de dar una solución a la cuestión planteada en los juicios de referencia y cumplir de este modo con las sentencias judiciales dictadas’ más de 2 años después, el 8 de julio de 2013, luego de haber suscripto poco más de un mes antes el Convenio Marco para Obras de Seguridad de Energía Eléctrica en el Partido de Zárate con el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios para la ‘la ejecución de obras que permitan abastecer de manera segura el incremento de la oferta de energía eléctrica’ en el Partido. En ningún lado de este Convenio Marco lo que se buscó fue la construcción de una Avenida de Circunvalación, puesto que el objetivo del acuerdo era otro, y para ello ‘el Ministerio se compromete a “transferir en carácter no reintegrable” a la Municipalidad la suma fijada a efectos de que “afecte los mismos, en carácter no reintegrable, para la ejecución de la obra descripta en la Cláusula Primera”’, es decir obras de infraestructura eléctrica, no una calle.

Dado que se trataba de una obra eléctrica, se estableció que la obra eléctrica debía ser supervisada por la Empresa de Transporte por Distribución Troncal de la Provincia de Buenos Aires Sociedad Anónima -TRANSBA S.A.- quien el 14 de noviembre de dicho año emitió su opinión en relación a la oferta de C&E, donde curiosamente expone que ‘como fuera dicho en el primer informe técnico esta empresa por sí misma no se encuentra en condiciones de ser Contratista de la Obra Electromecánica que forma parte de esta licitación. Sí puede ejecutar la obra civil. No obstante, ahora al contratar a empresas con experiencia que lo asesorarán y llevarán a cabo todos aquellos trabajos electromecánicos específicos y al adquirir materiales a fabricantes reconocidos que también lo asesorarán, se podría aceptar esta propuesta técnica’, o sea que no están capacitados pero como se rodean de quienes sí lo están como por ósmosis reciben dicha capacitación. ¿Por qué se eligió a C&E para realizar la obra si a todas luces no estaba capacitada para ejecutarla? ¿Hubo direccionamiento en la adjudicación de obra pública? ¿Para qué tratar con intermediarios si los que realmente podían afrontar la responsabilidad eran otros? Aparentemente por unos cuantos millones de razones, entre ellas, que C&E, y quienes fueran de su mano, recibieran su tajada de la torta.

Y la torta era grande, puesto que el contrato suscripto era de $50.820.000 (del año 2013) de los que C&E recibió aproximadamente el 20% pese a que firmó el contrato el 6 de diciembre de 2013 e inició las obras más de 3 meses después. Obras que como reconoce la Cámara, ‘no respondía a las especificaciones previstas en el Convenio Marco suscripto entre el ex Ministerio de Planificación y la Municipalidad de Zárate’ y por las que el Municipio ‘solicitó el envío del segundo pago por la suma de pesos quince millones doscientos cuarenta y seis mil ($ 15.246.000), para lo cual se presentó un certificado en el que se afirmaba un avance de obra del 20%, con el que se pretendía justificar el primer envío de fondos.’ el 23 de julio de 2014.

Todo comienza a desvanecerse cuando, tras haber cobrado una porción del dinero, la empresa contratista pretende cobrar este segundo desembolso, ya que el Ministerio de Planificación ordena una visita técnica los días 13 de agosto y 12 de noviembre de 2014 para certificar el avance de las obras. Pero ya se sabe, no hay peor astilla que la del mismo palo, y muchas veces el alumno supera al maestro. Y esto quedó expuesto cuando en el informe se destaca que las obras que se habían realizado ‘no se encuentran comprendidas dentro de los ítems estipulados en el Convenio’ y de manera categórica se sostiene que ‘el estado de avance de las tareas proyectadas es inferior al 5%.’ Insistimos, pidieron dinero para cambiarle la vida a los vecinos y solo maquillaron la situación, y en ese sentido va el Informe del Ministerio, puesto que destacan que ‘en el anexo del Convenio Marco celebrado el 10 de junio de 2013 con el Sr. Intendente de la Municipalidad de Zárate, donde se mencionan las obras a realizar, no se hace mención a obras de pavimentación ni desagües, que sólo pueden considerarse como obras complementarias y de menor cuantía’.

Pero no sólo eso, el Ministerio de Planificación deja en claro que Osvaldo Cáffaro miente, como tantas otras veces, al afirmar que ‘el avance certificado no se condice con lo observado durante la visita técnica, presentándose porcentajes mayores a lo observado [puesto que] el documento afirmaba un avance de obra del 20% y hacía mención de progresos en determinadas obras eléctricas que, conforme lo demostró la aludida visita técnica, no se habían concretado y que, de hecho, nunca se hicieron.’, pero no solo ello, sino que además, cuando se realizó la inspección el 18 de enero del 2018 ‘la obra tenía el mismo avance que había en 2014’, es decir, ‘no alcanzaba al 5%’. ¿Déjà vu de lo ocurrido en el Centro de Gestión del Conocimiento y que los concejales no se animaron a denunciar ante la Justicia?

La Justicia y el Ministerio no son los únicos que cuestionan el accionar de Cáffaro y sus secuaces, el Informe de Auditoría de la U.T.N., realizado en marzo del año pasado concluyó que ‘el avance físico de la obra observado es nulo’. Hay sólo dos posibilidades entonces, o la responsabilidad de Osvaldo Cáffaro es ineludible o hay una confabulación intergaláctica en su contra… nos inclinamos por la primera opción, y no somos los únicos, ‘el Sr. magistrado instructor tuvo por prima facie acreditada la responsabilidad penal de Osvaldo Raúl Cáffaro’. Incluso el juez, con más información, va más allá y sostiene que no fue sólo Cáffaro puesto que ‘todos ellos en forma previa al llamado a licitación, tenían acordado realizar obras distintas a las contempladas en el correspondiente pliego, aprovechando las previsiones de dicho documento en cuanto a que más allá de la oferta que presentara la empresa “C&E”, el contrato se iba a firmar por el total del dinero comprometido por el Estado Nacional, es decir por la suma de pesos cincuenta millones ochocientos mil ($ 50.800.000), lo que le permitió a la empresa ofertar muy por debajo de sus competidores ya que sabía de antemano que las obras que se iban a realizar eran otras, logrando de este modo la adjudicación de la licitación y la firma del contrato de obra. Una vez girado desde el ex Ministerio de Planificación Federal de la Nación el primer desembolso o adelanto financiero por la suma de pesos diez millones ciento sesenta y cuatro mil ($ 10.164.000) […] presentaron el 30 de abril de 2014 un certificado de avance de obra con contenido falso, en el cual se afirmaba un avance de obra del 20% y se hacía mención a avances en determinadas obras eléctricas que lejos estaban de ser concretadas y que, de hecho, nunca se hicieron.’ Y en este punto la Cámara señala un dato más que, para la mayoría de quienes comentaron el fallo pasó desapercibido y hace creer que sólo leyeron un extracto y no fueron al fondo de la cuestión.

Afirma la Cámara Federal de San Martín que ‘de los cinco cheques entregados, dos fueron depositados en una cuenta de la empresa y, los otros tres, Nros. 57.646.845, 57.646.846 y 57.646.847, cada uno por la suma de pesos dos millones ($ 2.000.000), fueron presentados al cobro por la firma “INC S.A.” quienes informaron haberlos recibido a su vez de “Yoen SA”, empresas investigadas por la PROCELAC por los presuntos delitos de asociación ilícita, intermediación financiera y lavado de dinero, desconociéndose a la fecha el destino dado a esos seis millones de pesos.’ Si algo faltaba a esta historia era esto, si algo le faltaba a Osvaldo Cáffaro era estar posiblemente involucrado con una empresa investigada en lavado de dinero. ¿Queda algo más por saber? ¿Qué más oculta el Intendente?

Según los magistrados de la Cámara ‘ha quedado acreditado que se hallaba comprometida con la Nación y se había licitado, una obra que nunca se concretó. Sin perjuicio de ello, la firma C&E cobró diez millones de pesos que constituyeron el primer desembolso del dinero que correspondía a una obra que -insistimos- nunca se realizó. A su vez, para recibir esa suma, se valieron de un certificado de avance de obra con contenido falso. Es evidente que este ardid fue pergeñado desde la Municipalidad de Zárate, mas no podría haberse llevado a cabo sin la intervención de una empresa que accediera a cumplir con lo encomendado.’

Y es curioso que, entre otros argumentos, utilizan uno que hemos expuesto a lo largo de diversos textos en este mismo sitio. El gobierno municipal miente cuando promociona en grandes carteles una realidad virtual que difiere, y mucho, de la realidad real. Afirman los camaristas que ‘la fotografía que ilustra el cartel ubicado en la zona, menciona en primer lugar y en letras más grandes la leyenda “avenida circunvalación sur” y, debajo en letras oscuras y en menor tamaño, “obra de seguridad eléctrica del Partido de Zárate”. Asimismo, fue lo informado a los medios periodísticos cuando refirieron que, con el dinero que giraría el Estado Nacional, se llevaría a cabo la avenida mencionada.’

Queda claro a esta altura de los acontecimientos que la línea de flotación está comprometida, y comienzan a verse saltar roedores desde la nave. Osvaldo Nicolás Caccaviello, por ejemplo, ‘sostuvo que su labor como Subsecretario de Obras Públicas de la Municipalidad de Zárate consistía en encargarse de la parte técnica.’ y dio un pasito fuera del barco creyendo que se salva del naufragio afirmando que ‘no tengo conocimiento de qué control se hizo (para la firma del certificado de obra), ni en qué momento se recibió el certificado yo hago la elevación, pero no sé en qué contexto y en qué fecha se recibió’. Es decir, se reconoce como inútil, y apremiado por las circunstancias busca responsabilidades en otras personas. Afirma Caccaviello que ‘respecto del […] es el cartel que nos pidieron que hagamos, a mí me lo pidió el Secretario de Obras Públicas Giménez’, y por si no bastara con inculpar a su Jefe, sigue buscando responsables e insiste en que ‘ellos (el IDUZ) eran los que manejaban este aspecto, nosotros no teníamos conocimiento de estos proyectos, nosotros ni siquiera interveníamos, cuando digo nosotros hablo de Subsecretaría de Obras Públicas para abajo, yo, Ingrassia y los inspectores, el IDUZ manejaba el proyecto de la Circunvalación, ellos ni siquiera tenían su oficina en Obras Públicas’. Una vez más se reconoce como inútil, según sus propias palabras el subsecretario de Obras Públicas del Municipio de Zárate se dedicaba a hacer carteles que le indicaban hacer, puesto que de las Obras Públicas se encargaba el IDUZ y su Presidente, Jorge Rocchi, que atendía a ambos lados del mostrador. A eso se dedicaba Caccaviello y a cobrar cada fin de mes su sueldo, porque de ello solo se encargaba él… ¿O también tenía que compartir con alguien? Lo manifestado por Caccaviello obliga a reflexionar acerca del accionar del IDUZ, por lo que suponemos (quizás ingenuamente) que, de oficio, ya se estarán ocupando los concejales.

Y ya nadando fuera del barco, Caccaviello afirma que ‘con respecto a lo que dice el informe de Nación, estoy de acuerdo en la mayoría de los párrafos en cuanto a lo que vieron ellos’, aunque curiosamente afirma que eso mismo es ‘lo que venía diciendo respecto de las obras que se habían hecho hasta ese momento’. Pero esas ‘críticas’ las realizaba de manera interna. ¿Qué más puede decir al respecto? ¿En qué otras obras nos mintieron? ¿Por qué no lo cuenta de cara a la ciudadanía? ¿Por qué se maneja como en una ormetá? ¿No vió que el Intendente Cáffaro y el Secretario Giménez le soltaron la mano? Si ya saltó del barco… ¿por qué quedarse cerca para que cuando termine de hundirse se lo lleve puesto?

Aunque Caccaviello no es quien saltó más lejos. En una lógica piramidal en la que el vértice pretende circunscribir la responsabilidad a las bases, estas pretenden desentenderse generándose una guerra fraticida que aun no se sabe hasta dónde puede llegar, puesto que cuanto más bajo se desciende, más se expone la responsabilidad de los superiores, aunque no terminan de decirlo con todas las letras. Quizás la experiencia de colaboración con la justicia de otras causas abran la puerta para que en esta también se pueda conocer toda la verdad.

Algo de eso vislumbra el segundo de Caccaviello, el Director de Obras e Infraestructura Salvador Carlos Ingrassia, cuando afirma que ‘es imposible recorrer todas las obras. Que no era su función recorrer las obras, para eso estaban los inspectores’, pero sin embargo pone su firma al pie y se responsabiliza por lo que su firma avala. E incluso afirma que ‘existe un libro de órdenes de servicios donde se indica todo pero en esta obra no sabe si se llegó a hacer’, algo que debe estar disponible junto con la firma del contrato porque es el documento oficial para recibir y dar órdenes de trabajo.

Aunque queda claro que no hizo lo que debía hacer y sólo se dedicó a hacer que nada cambie, que nada se cuestiones y que se cobre a fin de mes. Todos los involucrados callan porque a fin de mes reciben un pago por su ‘trabajo’, y a su vez todos son mantenidos o promovidos en sus ‘trabajos’ porque a cambio de un pago mensual todos callan… aunque no del todo. Afirma Ingrassia ‘luego de ser consultado sobre quién estaba obligado a firmar el mentado certificado señaló: “estando él debía ser rubricado por el deponente, si no estaba lo podía rubricar Caccaviello”’. ¿Lo obligaron a firmar? ¿Por qué firmó algo que no podía certificar? ¿Qué otras cosas hizo asumiendo realidades de las que no puede dar fe?

Inicialmente el Juez, y luego la Cámara Federal, dieron en la línea de flotación de lo que Nuevo Zárate y Osvaldo Cáffaro exhiben como el núcleo central de su proyecto, la obra pública. Y curiosamente lo hacen en donde los fondos girados deben rendirse… imagine usted estimado lector lo que puede ocurrir en aquellos fondos que el Gobierno Nacional giró y de los que el Municipio no estaba obligado a rendir cuentas. Y a propósito, ¿qué accionar tuvo el Concejo Deliberante desde 2013 a la fecha con las Rendiciones de Cuentas presentadas por el Ejecutivo?

El barco que decía capitanear Osvaldo Cáffaro comienza a hundirse y las ratas comienzan a saltar del mismo pretendiendo quedar a salvo, pero los responsables del navío las hacen responsables de las fallas de navegación. ¿Huirán y en su huida dejarán expuestos los delitos que se cometieron a bordo o se inmolarán junto al capitán creyendo que éste es Edward Smith cuando en realidad es un émulo de Francesco Schettino?

 

Publicado en El Debate, Zárate.
http://www.eldebate.com.ar/cuando-el-barco-se-hunde-2/

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