A finales de la semana pasada se supo que el Bloque de Diputados Provinciales PJ – Unidad y Renovación, del que forma parte la legisladora zarateña Patricia Moyano invitaba al Intendente Municipal Osvaldo Cáffaro a disertar en el marco del debate parlamentario sobre el posible desdoblamiento de las elecciones municipales.

Se sabe de la postura negativa del Intendente sobre la cuestión, realidad que es coherente con su historia, puesto que pese a ser parte de un partido político distrital, aunque parte de la coalición de partidos que conformó la estructura electoral kirchnerista, siempre supo sacar provecho del no desdoblamiento. Ejemplos de ello sobran, pero basta abordar algunos de ellos para entender por qué defiende lo que defiende.

En 1983 las elecciones se realizaron de manera simultánea en los tres niveles y de hecho en la Provincia de Buenos Aires nunca se desdoblaron las elecciones provinciales de la elección nacional, ni las municipales de la provincial desde el regreso de la democracia, porque al ser el principal bastión electoral del país es quien puede ‘garantizar’ el triunfo de la fuerza mayoritaria, a excepción de la elección de 1999 que confirmó la regla ya que quien triunfó en la provincia perdió a nivel nacional. El partido en el que participaba el hoy Intendente, la Unidad Socialista, se vio favorecido por la mecánica que se adoptó para el comicio de 1983  ya que hubo boletas separadas para cada nivel de gobierno (nacional, provincial y municipal), lo cual posibilitó la elección de un partido diferente a nivel local que a nivel provincial y nacional, ya que el índice de corte de boleta fue muy bajo, pero al estar en boletas separadas se facilitaba la tarea.

Pero ya dice el dicho que donde fueres has lo que vieres, y al ‘peronizarse’ adoptó algunas de sus peores prácticas.

Como no ‘garpaba’ el ser parte oficial del kirchnerismo (de hecho Ariel Ríos afirmó oportunamente que nunca habían sido kirchneristas, aunque fueron enganchados en su boleta), eligieron generar su propio partido y presentarse a las elecciones locales con su propio sello electoral, aunque para no perder votos ante el posible corte de boleta decidió ir con ‘boleta corta’ local, pero por las dudas también en otra adosada a la lista kirchnerista. Es decir, en una absoluta incoherencia competían a nivel local quienes iban juntos en los restantes niveles, pero no por competencia de diferentes proyectos sino por la falta absoluta de ellos.

El ‘caffarismo’ impulsó y avaló un abuso de las opciones de la legislación electoral, como cénit de la incoherencia promovió las candidaturas testimoniales como se dio en las elecciones PASO de 2015, cuando Nuevo Zárate fue en las boletas del Frente para la Victoria una vez más, pero para no quedar mal con nadie (o en realidad para quedar bien con todos) decidieron ir en ambas boletas contendientes, la que encabezaba Julián Domínguez y la que encabezaba Aníbal Fernández.

¿Qué puede opinar entonces Osvaldo Cáffaro del desdoblamiento de las elecciones que no se contradiga con su histórico proceder? Lógicamente debe oponerse ya que mientras en el discurso alardea del localismo de su propuesta, en los hechos está muy lejos de ello y ‘se cuelga’ de quien le dé cobijo para poder llevar agua para su molino. Porque pese a que se promocione que se gobierna ‘Con lo nuestro’, que como hemos dicho en este mismo sitio es falso, además llega al gobierno con ‘votos ajenos’, productos del voto sábana por ser parte de una boleta de otros niveles.

Lejos quedaron las épocas en las que un proyecto y sus propuestas era el eje rector de un partido político y entonces la boleta sábana horizontal garantizaba cierta coherencia en todos los niveles por una misma propuesta. Hoy en día, donde los candidatos se venden al mejor postor y no tienen inconvenientes en ir por un partido, por otro, en alianza, en frente o en banda, el desdoblamiento garantizaría, sobre todo a nivel local, que las propuestas que el ciudadano vote no sean en función de la plataforma de gobierno local sino por arrastre de otros niveles.

El desdoblamiento posibilitaría el regeneramiento electoral desde las bases, algo que muy pocos desean, y cortaría el ‘negocio’ de quienes al cobijo de un ‘hermano mayor’ buscan garantizar su futuro.

Así que quienes creemos en la importancia de una mayor y mejor relación entre representantes y representados, en donde los ciudadanos elijan libremente en función de sus problemas más cercanos y no de los grandes problemas cuya solución dista mucho de su realidad cotidiana, debemos agradecer la invitación del bloque al que pertenece la ex esposa del Intendente, puesto que quizás siguiendo la técnica psicológica creada por Viktor Frankl, la exposición del Osvaldo Cáffaro sirva para accionar en el sentido contrario.

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