Según Allan Hobson, un sueño es ‘una imaginación sensomotora vivida que se experimenta como si fuera la realidad despierta, a pesar de características cognitivas como la imposibilidad del tiempo, del lugar, de las personas y de las acciones’, y aquel enero de 1974 para muchos comenzó el fin de la patria socialista que soñaban cuando la realidad les asestó un duro golpe.

El 19 de enero militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo intentaron copar el Regimiento de Azul, y tras ser repelido el ataque y haberse generado muertos, los guerrilleros llevaron secuestrado al teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal. Este ataque caló en lo más hondo del entonces presidente Juan Perón quien vio en ese acto un ataque a su persona, en tanto había regresado al país con la intención de ponerse por encima de las diferencias, aunque las incentivara, y a su razón de ser.

Fue claro en su discurso por cadena nacional del 20 de enero cuando afirmó que ‘Yo he aceptado el Gobierno como un sacrificio patriótico porque he pensado que podría ser útil a la República […] Será pues la actitud de todos la que impondrá mi futura conducta. Ha pasado la hora de gritar Perón; ha llegado la de defenderlo.’, dejando en claro que se atacaban las instituciones y él las encarnaba, pero asimismo un ataque a las Fuerzas Armadas que él, como integrante de las mismas, sentía como propio, lo cual evidencia al afirmar que ‘Nuestro Ejército, como el resto de las Fuerzas Armadas, que han demostrado su acatamiento a la Constitución y a la ley en provecho de una institucionalización, no merecen sino el agradecimiento del pueblo argentino que, frente a lo ocurrido, debe sentirse herido en lo más profundo de sus sentimientos patrióticos.’, Ejército que había provocado hasta entonces cinco golpes militares, de los que Perón había participado activamente en cuatro, y que entre otras cosas lo había obligado al exilio.

A partir de esta claridad, comenzó a salir del closet. Trazó una línea que días después explicitaría claramente. En esta cadena nacional Perón afirmó que ‘El aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que anhelamos una Patria justa, libre y soberana, lo que nos obliga perentoriamente a movilizarnos en su defensa y empeñarnos decididamente en la lucha a que dé lugar.’ Se empezaba a terminar el sueño de las formaciones especiales, el dejar de tenerle miedo a la palabra socialismo (en un reportaje que le hicieron a Perón a principios de los setenta, le preguntan ‘¿El justicialismo es una forma del socialismo?’ A lo que responde que ‘No hay que asustarse por la palabra “socialismo”. Mi último viaje a Rumania me ha permitido comprobar que el régimen de dicho país es similar, en muchos aspectos, al justicialismo. Es el pueblo mismo quien decide democráticamente sus propios destinos.’) y el Perón, Evita, la Patria socialista…

Y si alguien tenía alguna duda todo terminó de clarificarse cuando a petición de los diputados de la tendencia, Perón los recibió en la Quinta de Olivos 3 días después del ataque guerrillero. Los legisladores, cercanos al pensamiento de Montoneros, habían tenido muchas reticencias a condenar el accionar del ERP y un fuerte rechazo a la aprobación de la reforma del Código Militar para el combate de la guerrilla, y habían pedido una reunión con su líder para exponerle su posición.

Pero el anciano militar, que demostró una vez más la vigencia del dicho que afirma que ‘el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo’, los recibió junto a las cámaras de televisión para dejar expuesta la situación ante el país. Allí saliendo definitivamente del closet y asumiendo su pensamiento, oculto en el autodenominado socialismo nacional, les espetó a los diputados verticalismo puro y duro. Les remarcó que ‘En esto se debe actuar de la misma manera que actuamos en el orden político. Nadie está obligado a permanecer en una fracción política. El que no está contento, se va. En este sentido, nosotros no vamos a poner el menor inconveniente. Quien esté en otra tendencia diferente de la peronista, lo que debe hacer es irse. Pero en ese caso (el disconforme) representa ni más ni menos que al Movimiento. Lo que no es lícito, diría, es estar defendiendo otras causas y usar la camiseta peronista.’ Y trazando la línea de lo que estaba dispuesto a avalar afirmó que ‘a grandes males no hay sino grandes remedios, que es lo que nosotros necesitamos’.

Al fin de cuentas, como buen militar, no hizo más que plantear tempranamente muchos de los argumentos que utilizarían los miembros de las Juntas Militares para justificar su accionar. Habló de aniquilamiento, y no contento con eso abundó. ‘A la lucha -y yo soy técnico en eso- no hay nada que hacerle, más que imponerle y enfrentarle con la lucha. Y no atarse las manos frente a esa fuerza; y especialmente, no atarse las manos suprimiendo la ley que lo puede sancionar. Porque nosotros, desgraciadamente, tenemos que actuar dentro de la ley, porque si en este momento no tuviéramos que actuar dentro de la ley ya lo habríamos terminado en una semana. Para nosotros es un problema bien claro. Queremos seguir actuando dentro de la ley y para no salir de ella necesitamos que la ley sea tan fuerte como para impedir esos males. Dentro de eso, tenemos que tapanoticias061ultraliteconsiderar si nosotros podemos resolver el problema. Si no contamos con la ley, entonces tendremos también nosotros que salirnos de la ley y sancionar en forma directa como hacen ellos.’, y por si fuera poco precisó ‘Si no tenemos la ley, el camino será otro; y les aseguro que puestos a enfrentar la violencia con la violencia, nosotros tenemos más medios posibles para aplastarla, y lo haremos a cualquier precio, porque no estamos aquí de monigotes. Estamos afrontando una responsabilidad que nos ha dado plebiscitariamente el pueblo argentino. Nosotros no somos dictadores de golpes de Estado. No nos han pegado con saliva. Nosotros vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualquiera sean los medios. Si no hay ley, fuera de la ley también lo vamos a hacer y lo vamos a hacer violentamente. Porque a la violencia no se le puede oponer otra cosa que la propia violencia. Eso es una cosa que la gente debe tener en claro, pero lo vamos a hacer; no tenga la menor duda’.

El General Perón había salido definitivamente del closet y había dejado en claro que no era el líder nacional y popular que muchos querían ver sino alguien que sabiendo hacer una lectura de la realidad supo estar en el momento preciso, en el lugar adecuado diciendo las palabras que querían escuchar de él. Quien no lo viera, intentaba tapar el sol con el dedo.tapanoticias063ultralite

Hubo quienes entendieron claramente el mensaje, y ocho diputados nacionales de la Juventud Peronista renuncian a sus bancas, ellos eran Armando Croatto, Santiago Díaz Ortiz, Jorge Glellel, Aníbal Iturrieta, Carlos Kunkel, Diego Muñiz Barreto, Roberto Vidaña y Rodolfo Vittar, quienes tras la sanción de la ley fueron expulsados del Partido Justicialista por el Consejo Superior Peronista, que avalando la postura de su líder, también decidió blanquear sus posiciones.

Lo que no habían querido ver tras el regreso de Perón al país cuando al otro día de su llegada manifestara que ‘No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina y a nuestra ideología. Somos lo que las veinte verdades peronistas dicen. No es gritando ‘la vida por Perón’ que se hace patria sino manteniendo el credo por el cual luchamos Los viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran nuestros muchachos que levantan banderas revolucionarias’ estaba cada vez más claro. Es decir, el peronismo sería peronista y no socialista, y los garantes de esto serían los de la vieja guardia.

Y el colofón fue el discurso del 1 de mayo de 1974, cuando en uno de sus últimos discursos públicos, Perón echa de la Plaza a quienes antes llamaba ‘jóvenes idealistas’ ahora convertidos en estúpidos e imberbes.

Perón, respondiendo a las críticas que le llegaban de parte de quienes colmaron la Plaza de Mayo intentando establecer un diálogo como les habían contado que ocurría a principios de la década del 50 manifestó ‘Compañeros: hace hoy 19 años que en este mismo balcón y con un día luminoso como éste, hablé por última vez a los trabajadores argentinos’, pero los ‘jóvenes idealistas’, que no tenían tiempo para esperar y pretendieron marcarle la cancha a quien había inventado el juego, le gritaban ‘¡Qué pasa, qué pasa, qué pasa General, que está lleno de gorilas el gobierno popular!’ o ‘¡Se va a acabar, se va a acabar, la burocracia sindical!’

Notoriamente ofuscado, el General Perón pretendió reencausar la situación y afirmó que ‘No me equivoqué ni en la apreciación de los días que venían ni en la calidad de la organización sindical, que se mantuvo a través de veinte años, pese a estos estúpidos que gritan’, lo cual dejaba claramente de manifiesto, una vez más, cuál era el verdadero Perón y cuál el que Montoneros pretendía ver… y hacer ver al resto de la sociedad.

Y continuó ‘A través de estos veinte años, las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años. Por eso, compañeros, quiero que esta primera reunión del Día del Trabajador sea para rendir homenaje a esas organizaciones y a esos dirigentes sabios y prudentes que han mantenido su fuerza orgánica y han visto caer a sus dirigentes asesinados, sin que todavía haya tronado el escarmiento’.

La salida final del closet era inocultable y la respuesta de Montoneros pretendió ser contundente al reconocer implícitamente su responsabilidad en la muerte de José tapanoticias157ultraliteIgnacio Rucci, cuando cantaban ‘¡Rucci traidor, saludos a Vandor!’, mientras les respondían a los Montoneros desde la propia Plaza ‘¡Perón, Evita, la Patria peronista!’.

La lucha estaba declarada y así lo entendió Perón quien redobló la apuesta y sostuvo que ‘Ahora resulta que, después de veinte años, hay algunos que todavía no están conformes de todo lo que hemos hecho […] La clase trabajadora argentina, como columna vertebral de nuestro movimiento, es la que ha de llevar adelante los estandartes de nuestra lucha. Por eso compañeros, esta reunión, en esta plaza, como en los buenos tiempos debe afirmar decisión absoluta para que en el futuro cada uno ocupe el lugar que corresponde en la lucha…’ pero ya eran menos quienes lo escuchaban porque los líderes de Montoneros habían dado la orden de irse de la Plaza de Mayo.

Ya no había dudas, estaba clara la situación. Ya no era el Perón exiliado que los arengaba diciéndoles ‘Esta lucha también concurre a la “guerra revolucionaria” para que, como digo en la apreciación, cada uno pelee en la forma que es capaz de hacerlo. Si ustedes leen la apreciación, resolución y consideraciones, podrán percatarse que, en el fondo, estamos totalmente de acuerdo, como no podría ser de otra manera.’, ahora Perón era el presidente de la República y pretendía que la protesta fuera democrática, y que la crítica no existiera.

Hace hoy 45 años el lobo dejó su disfraz de oveja y salió del closet. Hace 45 años Perón dejó de ser el que imaginaban, y pasó a ser el Juan Perón de siempre.

Aunque tiempo después haya habido quienes pretendieron reescribir la historia y, una vez más querer hacernos pasar gato por liebre, ya todos sabemos quién es quién, está en uno el querer hacerse cargo de la realidad o pretender vivir en un cuento de hadas.

Publicado en Diario 16, Madrid.