Por paradójico que resulte, gran parte del análisis que hicimos para explicar la movida realizada por Cristina Fernández con su corrimiento al segundo lugar de la fórmula presidencial del peronismo y la unción de Alberto Fernández como el principal candidato presidencial opositor sirve para explicar el sacudón político vivido ayer con el anuncio de Miguel Ángel Pichetto como candidato a vicepresidente, acompañando al Presidente Mauricio Macri en la fórmula oficialista.

Decíamos en Del Go al gol que ‘en un país dividido por tercios, uno cercano al gobierno, uno a la oposición encabezada por Cristina Fernández y uno fluctuando alternativamente entre ambos lados, la jugada política de Fernández ella, colocando a Fernández él, al frente de la fórmula procura mostrar a alguien que participó del esplendor del proyecto, que, cuando le convenía, supo ser crítico del gobierno de su compañera de fórmula y tiene la capacidad de establecer vínculos con propios y ajenos como el mejor camino para obtener votos de la ancha avenida del medio, el pase de Massa como candidato a gobernador iría en el mismo sentido.’, pues bien, el oficialismo realizó una movida en espejo, procurando también acaparar apoyos en el tercio que definirá la elección.

¿Tenía otras opciones? Entendemos que no, puesto que si volvía a elegir a alguien puro del PRO se hubiese encerrado en un núcleo duro que no le garantizaba el llegar al ballotage; si en cambio optaba por un candidato a vicepresidente radical, mostraba cierta apertura hacia sus socios electorales pero difícilmente podía ser lo suficientemente contundente el mensaje para triunfar en las elecciones; el camino que restaba, y que había promovido el propio radicalismo tras su Convención Nacional, era la ampliación del espacio político, la construcción de la ‘pata peronista’ a la que suele recurrir cada acuerdo electoral que pretenda ejercer el poder en la Argentina.

Y ese fue el camino que emprendió el Presidente Macri, eligió el único camino posible para poder llegar con chances reales a las elecciones de octubre de este año. Miguel Ángel Pichetto le garantiza, inicialmente, un camino de cierta tranquilidad socioeconómica preelectoral que en la Argentina no es poco, y posibilita que la discusión gire más en torno al futuro posible que al presente real, pero no sólo eso, al ser el senador Pichetto quien desde la bancada justicialista del Senado garantizó que Cristina Fernández no perdiera sus fueros parlamentarios y sea detenida, le aporta a Cambiemos la posibilidad de quitar de la discusión una supuesta persecución judicial de opositores. No puede perseguir a la ex Presidente la fuerza que lleva como candidato a quien le garantizó impunidad desde el Senado de la Nación.

Está claro que muchos de los seguidores de Cambiemos, como en su momento le ocurrió a los de la kirchnerista Unidad Ciudadana, no deberán tragarse sapos sino que deberán iniciar una larga engullición de un una migración de batracios, puesto que hasta ayer nomás, como Alberto Fernández con Cristina Fernández y viceversa, llenaros páginas y redes sociales hablando pestes del Senador Pichetto, y éste del Presidente Macri.

Pero como escribiera Jorge Luis Borges, ‘no nos une el amor sino el espanto’, y ese rechazo a lo que hay enfrente de la grieta, hace que se generen alquimias electorales impensadas tan solo pocos días atrás. Porque en este ánimo de intentar captar el voto del tercio que fluctúa entre el macrismo y el kirchnerismo, con movidas que aparentan ser una apertura hacia el centro del espectro político, lo que se logra es que se acentúen los polos y que no haya posibilidad de surgimiento de alternativas, federales o unitarias, en medio de ambos sectores.

La opción es clara, Macri o Fernández, Fernández o Macri. Así lo entendió el Radicalismo y lo puso en palabras Ernesto Sanz ‘Lo que puede parecer a primera vista una pérdida de espacios de poder partidario, es en realidad, una mejora de las posibilidades electorales.’, porque no hay posibilidades de construcción de poder real por fuera de las dos coaliciones que, hoy por hoy, aglutinan a la mayor parte de los argentinos.

Pretender imaginar otros escenarios es una historia contrafáctica más cercana a la ciencia ficción que a la ciencia política.

El gobierno de Mauricio Macri es el primer gobierno no peronista de la historia argentina, electo democráticamente, que podrá culminar su mandato constitucional, y en gran medida lo consiguió por los acuerdos que logró establecer en el Senado de la Nación con un sector del peronismo que comandó hasta ayer el propio Miguel Ángel Pichetto. El anunció generó el blanqueo de una realidad que se vivió en los últimos tres años y medios pero que, aunque cotidiana, no deja de sorprender en un país que no está acostumbrado a las negociaciones y los acuerdos políticos.

Si bien es evidente que para que se alcancen acuerdos electorales, y más aún, acuerdos de gobiernos, quienes deben participar de las negociaciones y los compromisos deben ser representantes de sectores afines, pero diferentes, puesto que si así no fuera no habría negociación posible porque pertenecerían todos al mismo sector.

Las alianzas son vistas como traiciones a los valores defendidos, fundamentalmente porque se vive la actividad política con un apasionamiento tal que la lógica schmittiana de amigo-enemigo termina por teñir todo el arco político argentino.

Hoy el Radicalismo demostró entender la situación que se vive y que en una coalición las ganancias no son en partes iguales y que cada uno debe aportar lo mejor que tiene, porque el todo es más que la suma de las partes, así entonces resignó sus intenciones de ser parte de la fórmula presidencial poniendo por delante la construcción colectiva y entendiendo que su fortaleza es la política subnacional, donde conduce tres de los cinco distritos que gobierna Cambiemos, en uno de los dos restante tiene la vicegobernación y en el restante tendrá el Senador Nacional.

Hay una anécdota que cuenta que poco antes de volver a la Argentina, y entrevistado por un medio español, le preguntaron al ex presidente Juan Perón ‘¿General, cómo se divide el panorama político argentino? Mire, hay un 30% de radicales, lo que Uds. entienden por liberales. Un 30% de conservadores y otro tanto de socialistas. Pero, General, ¿y dónde están los peronistas? ¡Ah, no, peronistas son todos!’. Y quizás sea esta una de las claves.

Siempre se afirmó que era imposible gobernar con el peronismo en la oposición, y la experiencia histórica así lo demostraba, pero Macri supo tener la habilidad de tener como aliado a una parte del justicialismo y así poder cumplir con su mandato constitucional. Hoy también supo tener la habilidad de construir poder incluyendo a ese sector del peronismo a su coalición electoral.

Ernesto Sanz afirmó que ‘Cambiemos es hoy, más competitivo que ayer, una coalición más amplia y diversa que en un principio, y una fuerza con mejores condiciones de gobernar el país frente al aglutinamiento del  frente opositor.’, personalmente no queda tan en claro que así sea, pero al menos hoy es un aglutinamiento oficialista con intenciones de ser coalición más amplia y diversa que en un principio, y una fuerza con mejores condiciones de ganar las elecciones de octubre para entonces gobernar el país frente al aglutinamiento del  frente opositor.

Y en Argentina eso ya es muchísimo.

Publicado en Diario 16, Madrid.
https://diario16.com/la-grieta-no-existe/