Con la información que uno cuenta, siempre limitada y siempre muy particular, estoy convencido que Daniel Oyarzún, el carnicero que el 13 de septiembre de 2016 persiguió con su auto a dos ladrones que habían robado en su comercio y que, al alcanzarlos los atropelló matando a uno de ellos, en lugar de ser candidato a concejal debería estar preso. No comparto el criterio aplicado de legítima defensa que utilizó el jurado para determinar su inocencia y liberarlo, pero así fue. La justicia resolvió que Oyarzún no fue culpable.

¿Entonces por qué no podría ser candidato? ¿Porque no coincidimos con el fallo judicial? ¿La justicia es buena o mala de acuerdo al fallo que adopte? También estoy convencido que una de las pautas para poder construir un país mejor es respetar y hacer respetar las leyes del juego, y una de ellas es que el Poder Judicial imparte justicia, y si los involucrados no están de acuerdo con lo resuelto, hay vías prestablecidas para pedir la revisión, pero una vez concluidas, siempre  debe aceptarse lo resuelto.

Entonces cabe preguntarse, ¿por qué no debería poder ser candidato? No tiene cuentas pendientes con la justicia, como sí tienen muchos otros candidatos. Esto no debería ser  óbice entonces para ser candidato. Y mucho menos un tema de debate, porque los que discuten su probidad, en nombre del respeto a los derechos humanos para ser candidato, son los que compartieron lista electoral con Aldo Rico o Luis Patti, los que decían que el indultador de genocidas Carlos Menem era el mejor Presidente de la historia y los que eligieron, a dedo, al denunciado genocida César Milani al frente del Ejército Argentino.

Hay quienes entienden que no está capacitado para ser concejal, y entonces cabe preguntarse ¿cuál es la capacitación necesaria para serlo? Si cumple con los requisitos legales para presentarse basta y sobra, y será la ciudadanía, en las urnas, quien resolverá, finalmente, si quiere o no que sea su representante.

Lo curioso del caso es que muchos de quienes critican su posibilidad de ser candidato a concejal son los que se llenan la boca hablando de ampliación de derechos, que evidentementemente son solo para algunos.

Incluso se critica su candidatura porque se afirma que se quiere aprovechar ser conocido por la ciudadanía para juntar votos. ¿Hay alguna duda de eso? ¿Es algo malo eso? ¿O es malo porque es Oyarzún y está bien que lo sea si es Ortega, Scioli, Mercader, Borocotó, Oyhanarte, Granata o Blumberg… y siguen las firmas?

Los partidos políticos apuestan a un ciudadano reconocido en la comunidad para llevarlo de candidato porque entienden que parte del electorado lo acompañará, porque ve en él cualidades como las que se tienen o se quieren tener, y por ende se lo valora. Esto no es algo per sé, y una vez más será la ciudadanía quien valore su capacidad.

Resulta curioso que en épocas de travestismo político en la que muchos pretenden mostrar algo que no son, y en donde se privilegian los votos por sobre los proyectos, y las campañas por sobre las ideas, se critique que Oyarzún pueda ser candidato a concejal. ¿Por qué no podría serlo si ya saldó sus cuentas con la Justicia? Cristina Fernández tiene múltiples procesamientos, variados pedidos de detención, y está libre por una mañosa interpretación de los fueros parlamentarios que hizo el hoy candidato a vicepresidente del propio frente que postula a Oyarzún. ¿Puede ser ella candidata y él no?

En realidad pareciera ser que quienes critican su candidatura en realidad pretenden criticar las ideas que representa, con las cuales yo tampoco coincido, pero justo es reconocer en Oyarzún una sinceridad de la que muchos carecen. Dijo el candidato ‘Estoy muy orgulloso de poder participar’ y que su objetivo es ‘seguir trabajando por los derechos de las víctimas, yo fui víctima’. Está en todo su derecho de hacerlo, aunque no esté muy en claro que es lo que hizo hasta ahora por los derechos de las víctimas.

Como decíamos tiempo atrás, ‘Es tan nociva la construcción de un discurso único como el pretender acallar voces que discrepan con el discurso mayoritario, en ambos casos debemos alzar nuestra voz en línea con lo que dicen que dijo Voltaire, porque aunque no comparto las ideas que propugna, muchas de ellas en las antípodas de mi pensamiento, tenemos que garantizar ante todo y ante todos, su derecho a expresarlas.’

No comparto ninguna de las ideas que dice defender, y como sostuve al inicio, creo que debería estar preso, pero en un Estado de Derecho, el Poder Judicial imparte justicia y aunque, paradójicamente, crea que el fallo fue injusto, se debe acatar.

La ciudadanía tiene en agosto la posibilidad de dar su propio fallo, si como en mi caso entiende que no tiene autoridad moral para ser concejal no lo acompañará con su voto, si en cambio nuestro pensamiento es minoritario, deberemos aceptar tal realidad y entender que nuestros valores supremos, no son los valores supremos de la sociedad.