Como si Argentina tuviera pocos problemas autóctonos, una parte del país pretende importar problemas foráneos. Eso es lo menos que uno puede deducir de la reunión que tuvieron días atrás Victoria Villarruel y Javier Ortega Smith.

Estas dos personas, que resultan desconocidas para la mayoría de la ciudadanía, son representantes de sectores de ultraderecha que pretenden erigirse como opción política a ambos lados del Atlántico. El caso de Ortega Smith ya tiene resultados que exhibir puesto que es el secretario general de Vox, el partido antisistema español que obtuvo 24 escaños en las últimas elecciones generales y que ya cogobierna en Andalucía junto a Ciudadanos y Partido Popular. Villarruel, en tanto, busca seguir su ejemplo y, desde el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTYV), convertirse en la opción política al extremo derecho del espectro político en América.

Aunque en la actualidad el caudal electoral de este sector es marginal, el ejemplo español que pasó del 0,20% (47.182 votos) en 2016 al 10,03% (2.664.325 votos) en 2019, estimula a los ultras locales que ven en el caso brasileño de Jair Bolsonaro otro estímulo a su lanzamiento al ruedo electoral. Sin pretender trazar paralelismos, sino tan solo como referencia porque las realidades son diferentes, el nazi Alejandro Biondini obtuvo el 0,24% del total de votos de las últimas PASO, o lo que es lo mismo, 58.572 argentinos creen que la mejor opción de gobierno es la ultraderecha.

El camino para el desembarco de Ortega Smith, que 5d6c51afa07b1_950_526!fue una suerte de retribución de gentilezas de la visita que hiciera Villarruel a España el pasado 28 de abril para seguir junto a los líderes de ultraderecha ibéricos los resultados electorales, fue una charla dictada en el Palacio Paz, sede del Círculo Militar, titulada ‘Desafíos de la Batalla Cultural’, en una curiosa reinterpretación del concepto gramsciano.

En la charla, en la que el español buscó transmitir su experiencia de como lograron capitalizar electoralmente su propuesta política a partir de la captación de cierta parte de votantes de derecha, en la que no supieron distinguir la enorme disparidad de los modelos políticos a ambos lados del océano, puesto que mientras el sistema parlamentarista español alimenta opciones como VOX, en Argentina se ven cohibidas a partir del voto útil por la lógica de suma cero de la elección presidencial. Enumeraron los peligros a los que se enfrenta la Argentina del siglo XXI, y entre ellos mencionaron los ‘derechos a la igualdad, a la ecología, a “los LGTB” y al aborto’, que conspiran contra el orden y el sentido que debe tener toda sociedad, puesto que estos derechos ‘enmascaran intereses internacionales ocultos que buscan herrumbrar soberanías, disolver sociedades y llevarnos por el mal camino, el de la debilidad’.

Como en una suerte de proyección psicoanalítica ven en el diferente un peligro para la sociedad cuando en realidad son ellos mismos el peligro.

Y si bien, como decíamos, el caso español y el argentino no son equiparables, la experiencia de Bolsonaro, un tanto diferente pero igual de reaccionaria, expone el peligro al que puede enfrentarse Argentina. En poco menos de dos años pasó de ser un pintoresco personaje marginal a ser el Presidente de la República.

Bien dice el dicho que ‘hay que prevenir antes que curar’. Debemos conocer los peligros a los que nos enfrentamos para evitar lamentarnos por no haber hecho lo suficiente para evitar consecuencias indeseadas.

Hijo de una argentina, Ortega Smith afirmó en declaraciones periodísticas que ‘Yo soy totalmente español y totalmente argentino. Y como todo argentino siento pasión por la parrilla y la carne. Además, desde chico tengo una vena gaucha en mi amor por el campo y los caballos. Pero mi debilidad absoluta es el dulce de leche. Como político soy insobornable, pero si me ofrecen dulce de leche creo que lo pensaría.’, sería momento de cumplirle el deseo, y en lugar de importar fascismo, exportemos dulce de leche.

Publicada en Diario 16, Madrid.
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