Quedan tres semanas para las elecciones generales en las que los zarateños elegirán, entre otros representantes, el próximo Intendente Municipal, y el actual alcalde se postula para alcanzar el status de Intendente récord, al convertirse en el único en encarar un cuarto período al frente del gobierno local, y todo indica que Osvaldo Cáffaro será el Intendente Municipal de Zárate para el período 2019-2023… porque, si no es Cáffaro, ¿quién?

Su programa de gobierno es claro, mucha obra pública y acciones ‘vendibles’ en términos marketineros, pero sin solucionar los problemas de fondo que aquejan a la ciudadanía zarateña, y no hay dudas que, en términos electorales, le ha rendido numerosos frutos. Aunque siga habiendo quejas sobre los microbasurales, el estado de las veredas, los baches o el oportunismo de la obra pública de emergencia, su plan de mega acciones al estilo Costanera, Peatonal, Gran Prix de Powerboats o el equipo de básquet profesional, el apoyo electoral no se reduce, con lo cual hay que reconocerle cierta capacidad de gestión respecto a los que los ciudadanos esperan de parte de sus gobernantes.

Y así como debemos reconocer esto, no debemos soslayar la incapacidad del resto del arco político que no logran articular un proyecto alternativo, o al menos una sola propuesta, que exceda al no al oficialismo que, por otra parte, es un no relativo, puesto que el accionar de las fuerzas políticas con presencia en el Concejo Deliberante ha demostrado a lo largo de los años ser funcionales, cuando no cómplices, del proceder oficial.

¿Qué se le puede pedir a los vecinos entonces si quienes deben asumir la responsabilidad de generar una nueva política no lo hacen? ¿Si quienes deben proponer un nuevo horizonte están más preocupados en solucionar los problemas de sus dirigentes partidarios que los problemas de los vecinos?

En declaraciones recientes con motivo de la inauguración de la nueva traza de la Avenida Mitre, Guelvenzú afirmó, por ejemplo, que ‘toda obra que redunde a favor de los zarateños es buena, pero también sería bueno que el intendente Cáffaro haga mención a que parte de la traza la autorizó la Provincia y le envió los fondos, hasta por una cuestión de caballerosidad con nuestra Gobernadora María Eugenia Vidal.’, y se equivoca. No toda obra que redunde en beneficios para los zarateños es buena, porque se deben establecer prioridades, y a menos que él comparta las del Ejecutivo municipal (que dado su accionar en el Concejo Deliberante es dable suponerlo), es más bueno para los zarateños que todos tengan agua potable, cloacas o asfalto que la construcción de una calle doble mano en donde era innecesaria su construcción. Pero no satisfecho con ello, su preocupación vira hacia la poca caballerosidad de no reconocer el origen de los fondos empleados. ¿Qué importa de dónde vienen los fondos? Y si importara, ¿éste es el momento de discutirlo?

Lo que se debe discutir hoy es qué Zárate queremos para los próximos años, cómo hacerlo realidad, y quiénes se encargarán de ello. ¿Quiere Guelvenzú discutir eso? ¿Quiere hacerlo Juntos por el Cambio? El próximo 27 de octubre además de intendente se elegirán concejales, y la lista que él encabeza, a diferencia de la que encabeza el Intendente Municipal, se nutrió con algunos candidatos de la lista derrotada en las PASO (curiosamente por el reglamento que internamente se autoimpusieron las fuerzas participantes de Juntos por el Cambio, solo se sumaron candidatas a concejales mujeres de la lista encabezada por Sandra Paris), ¿qué proponen? ¿por qué se los debería votar en lugar de las otras opciones? ¿Qué tiene para proponer Walter Unrein además de homenajear a José Ignacio Rucci?

Todo parece indicar que vamos camino a renovarle la confianza, como sociedad, al Intendente Municipal, en parte por mérito propio, en parte por desmérito ajeno.

Mucho hizo Cáffaro para que lo voten, mucho está haciendo Juntos por el Cambio para que no los voten.

Publicado en El Debate, Zárate.