Dicen los socialistas que los muertos no se entierran, que los muertos se siembran, y ´parece ser que es así nomás, puesto que diez años después de su muerte Raúl Alfonsín comenzó a florecer por doquier.

Floreció en el seno del Radicalismo, donde luego de ser denostado por muchos, comenzó a ser reivindicado por todos, e incluso se lo utiliza para decir una cosa y la contraria, sacándolo de contexto y sin entender la trascendencia de su pensamiento. Se aferran a sus palabras como si fuera un dogma y no lo analizan de manera holística a partir de su idea fuerza de pelear por ideas y no por personas. Decía Alfonsín ‘no sigan a hombres, los hombres fallan a veces o no pueden, sigan ideas, los principios y los ideales acompañan toda la vida a un hombre de bien’.

Pero no solo entre sus correligionarios floreció Alfonsín, también lo hizo entre quienes se ubican en las antípodas de su pensamiento, al fin de cuentas como dijera Antonio Cafiero en el sepelio del líder radical, ‘el peronismo da para todo’.

Uno de los casos es el de Alberto Fernández, quien en un acto público de campaña afirmó que ‘Yo también soy resultado de Alfonsín’. Y realmente hay que darle la razón. puesto que si tras haber sido presidente del ala juvenil del Partido Nacionalista Constitucional defiende hoy las ideas que dice defender quiere decir que la labor de Alfonsín en la refundación democrática del país rindió sus frutos. No es menor que haya pasado de defender la autoamnistía de la dictadura militar o la no integración de la CONADEP, a creer en el accionar de la justicia para determinar responsabilidades en la violación de derechos humanos. Curioso periplo el de Fernández, aunque como cantaba Cerati, tarda en llegar y al final hay recompensa’, y Alfonsín la tuvo de su parte.

El otro, esta vez solapado, es el reelecto Gobernador del Chaco Jorge Milton Capitanich quien en un acto público reciente en Villa Ángela, cerró su discurso copiando, casi literalmente, el cierre de discurso de Alfonsín en la campaña de 1983. No solo repitió el Preámbulo constitucional, sino que además las palabras con las que Alfonsín lo introducía. Pero no solo es una mala copia, o cual de por sí es criticable, sino que además Capitanich ha demostrado en los hechos haber estado muy lejos de lo que pregona, por lo que si repentinamente recapacitó y entiende que sinceramente son esas las cuestiones por las que luchó, bienvenido sea, y habrá que agradecerle a Alfonsín también por esto.

Pasaron diez años de su muerte y Alfonsín sigue floreciendo. Como aquella frase de Mao Tse-tung ‘Permitir que cien flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra’ y que mal traducida copiara Néstor Kirchner al afirmar ‘Que florezcan mil flores’. Pero no florecen cien ‘alfonsines’, florecen miles, porque cada uno quiere tener un Alfonsín a su medida, y ese es su mayor triunfo, porque mientras quieren reivindicar su figura lo que en realidad reivindican es su pensamiento, que curiosamente, está en las antípodas de las prácticas de quienes lo enarbolan.

Publicado en Diario Clarin, Buenos Aires.
https://www.clarin.com/opinion/mil-alfonsin-florezcan_0_Yi0sV88W.html