Manuel, mi hijo de 8 años, en estas épocas de pandemia, tuvo que realizar una tarea para la escuela en la que le solicitaban una breve autobiografía de tal manera de contarle a sus compañeros de aula quién era, qué le gusta, a qué juega, entre otras cosas, y fue el disparador para poder plasmar en algunas líneas muchos de los pensamientos que rondan en mi cabeza en los últimos días.

Soy Eduardo Rivas, tengo 45 años y desde hace cuatro años tengo un blog que titulé Príncipe del Manicomio. En él publico algunos pensamientos acerca de la realidad que vivimos con la ilusión de pensarlo junto a quienes los leen, y que sirvan como disparador para intentar cambiar nuestro entorno, no ya el mundo, o al menos una parte, porque como cantaban Pedro y Pablo ‘este está enfermo y nosotros no’.

Hace 12 años que no estoy afiliado a ningún partido político, fundamentalmente porque no comparto la lógica de disciplina verticalista partidaria que rige a la mayoría de ellos donde, sin mucha discusión interna, se terminan adoptando y defendiendo posturas tan solo porque la cúpula partidaria decidió que ese era el camino a seguir. Pero como todos tengo mi ideología, podría catalogarme como socialdemócrata, aunque no ortodoxo, y desde ese lugar intento entender qué es lo que ocurre.

Durante mucho tiempo escribí y, como en El Principito con el astrónomo turco, hubo un momento en el que las mismas cuestiones que planteábamos desde hace tiempo comenzaron a tener otra recepción, otra repercusión, es decir mayor trascendencia, y fue entonces cuando comenzamos a recibir más críticas que las de costumbre, pero lo curioso es que no se pone en tela de juicio el fondo de la cuestión sino que se me cuestiona en términos personales. Hasta ahora nadie me objetó diciendo que lo que manifiesto es mentira, sí se cuestiona la forma en que lo digo, pero porque nadie quiere cuestionar al poder y de tal manera se vuelven cómplices.

Para algunos el problema no es el mensaje, el problema es el mensajero.

Es claro que esta cuestión tiene que ver con que no se puede cuestionar lo que se dice, entonces el camino a seguir es desprestigiar a quién lo dice. Me plantean si hay un encono especial con alguien, si alguien me paga, si hay un oscuro interés detrás, siempre cuestionando a quien escribe, nunca discutiendo lo escrito y mucho menos documentando que lo que se dice no se ajusta a la verdad.

Está claro por qué ocurre esto. No se cuestionan los artículos, porque, en definitiva, lo que se dice es cierto. Aunque no se quiera ver, aunque duela, como diría el General, la única verdad es la realidad.

Me parece curioso que sorprenda que denuncie tanto al gobierno municipal, pero lo más sorprendente aún es que a estos lectores no les cause sorpresa que nadie más lo haga. Si puedo acceder a la información, ¿otra gente no puede hacerlo? Hay quienes no, hay quienes sí pueden acceder a la misma información y eligen no decirlo, hay quienes sí y no pueden decirlo y hay quienes sí y no los dejan decirlo, y algunos pocos que tienen la información y, como yo, lo dicen. En cualquier caso, los hechos son los hechos y no pueden modificarse, lo único que cabe es interpretarlos. Y yo los interpreto desde mi escala y mis valores.

Para mí mentir está mal. La traición está mal. Para mí el apropiarse de lo que es de todos está muy mal, es indecente e inmoral.

Son curiosas las diversas versiones que circulan sobre por qué escribo lo que escribo. Que si soy un soldado de Julián, que si me paga ‘la’ París, que si quiero ser Intendente, que si Cáffaro me dejó afuera y por ello estoy despechado y algunas otras que ahora no recuerdo.

La cuestión es mucho más sencilla. Lo que me guía son dos pensamientos de Alem que, más de cien años después de su pronunciamiento, tienen una actualidad tremenda.

Decía don Leandro ‘Nunca he participado de esa idea de que en política se hace lo que se puede y no lo que se quiere. Para mí hay una tercera fórmula que es la verdadera. En política, como en todo, se hace lo que se debe, y cuando lo que se puede hacer es malo, ¡no se hace nada!’, y eso es lo que espero de los gobernantes, que hagan las cosas y que las hagan bien, al fin de cuentas para eso fueron elegidos. Y las diferencias ya no son por una cuestión de prioridades, si lo importante para la gestión Cáffaro es tener un equipo de básquet profesional y para mí que todos los vecinos tengan agua potable y cloacas en sus casas, acá la historia es otra, acá lo que está en juego es si nos basamos en la mentira o en la verdad, en la conveniencia o en la ética.

Quizás no tenga la mejor manera de decir las cosas, esta es la mía, bien decía Leandro Alem que ‘Hay dos escuelas o dos sistemas para manifestar el pensamiento: uno que procede con circunloquios, con ambages y sonrisas, no obstante la expresión adversa y hasta hiriente que se rebela en la voz y en los labios del que habla, el otro es el que procede con franqueza, diciendo la verdad, llamando a las cosas por su nombre. Yo pertenezco a esta última escuela.’ Como él, yo también.

Llevo más de 800 artículos publicados, quien quiera puede trazar una línea de pensamiento, con la que se puede coincidir o no, pero de lo que no se va a poder dudar es de la honestidad con la que están escritos.

Para terminar, tomo las palabras finales del monólogo 2000 de Tato Bores.

Podría adaptarlo a la realidad local, pero creo que tal y como lo dijo Tato, sabiendo imaginar las particularidades del caso, bien puede adaptarse a la realidad zarateña y a nuestra forma de actuar.

‘Yo todavía tengo confianza, tengo confianza, por eso le digo a los políticos y a los funcionarios -no a todos los políticos ni a todos los funcionarios porque hay que preservar las instituciones- algunos políticos y algunos funcionarios que están ahí viéndome, si siguen haciendo las cosas que están haciendo yo voy a tratar de estar acá todo el tiempo posible para seguir jodiendo! Y para cuidarlos también… Y para preservarlos de la máquina de cortar boludos; porque si pusiéramos la máquina de cortar boludos dentro de la máquina del túnel del tiempo, y se pusiera a cortar boludos históricos con retroactividad… otra hubiera sido la historieta hoy! Historieta que como país, no creo que nos merezcamos -esto lo dice mi libretista Santiago Varela… yo… no estoy tan seguro! Un cacho de culpa tenemos también…!-.

Por eso les digo, mis queridos chichipíos, a seguir laburando, vermouth con papas fritas, y… GOOD SHOW!!!’